"Sabíamos que la ganadora del diamante tenía que estar en alguna de las mesas", señalaron al diario Andy Meyer y Joy Pierson, los joyeros que donaron la piedra preciosa.
Tucker, ex agente de bienes raíces, explicó al rotativo que pensó que "si bebía un poquito de champán, no tendría que meter los dedos en la copa". "Estábamos hablando y riendo, y cuando me quise dar cuenta me había tragado el diamante", dijo.
Pero mientras, los joyeros se dedicaron a examinar una a una todas las piedras con una lupa. De hecho, Tucker esperaba que de un momento a otro los organizadores anunciaran el nombre de la ganadora.
No fue hasta que se vació de invitados el comedor del club que Tucker comunicó un tanto azorada a los organizadores que se había tragado el premio. Pero a la afortunada ganadora no le quedó más remedio que solicitar hora en un hospital para que le practicaran una colonoscopía.