p BOCA SUFRIO ANTE ESTUDIANTES Y ENCENDIO ALGUNAS ALARMAS. A GUILLERMO, QUE SE RETIRO SIN HACER DECLARACIONES, NO LE DIO RESULTADO EL CAMBIO DE ESQUEMA NI LA APUESTA DE ZARATE COMO 9.

U n llamado de atención. Aunque no es para dramatizar, Boca sufrió una derrota que no solo lo baja de la punta, sino que le genera un interrogante de cara al gran objetivo llamado Copa Libertadores. El Xeneize jugó mal y nunca pudo imponer la diferencia de jerarquía reinante entre ambos planteles. La apuesta de Mauro Zárate como centrodelantero no funcionó y, para colmo, en el banco de suplentes tampoco encontró soluciones. Sus dirigidos no respondieron en el terreno de juego y él decidió irse sin hacer declaraciones.

El triunfo ante Talleres por la mínima, siendo superado por momentos y sufriendo hasta el final, y la caída en el amistoso con Barcelona, donde fue borrado de la cancha por el elenco culé, fueron los primeros síntomas que evidenciaron que algo no andaba del todo bien. Los triunfos con Alvarado y Libertad por Copa Argentina y Libertadores respectivamente, hoy terminan quedando muy atrás en el tiempo, tras haber sufrido una derrota que no estaba en los planes.

Guillermo pensó un partido distinto al que jugó con los cordobeses y por eso decidió modificar el sistema. Resignó el enlace y apostó por Zárate de ‘9’, con Edwin Cardona por un lado y Cristian Pavón por el otro. Y jugando de contra, en la etapa inicial, fue quien generó las mejores oportunidades, sobre todo explotando la velocidad de Pavón, que fue el que más desequilibró en ofensiva.

Sin embargo, en el complemento, mermó el rendimiento de un equipo que exhibió el peor de su repertorio. Ya no tuvo peso en ofensiva ¿porqué Pavón pasó a jugar por izquierda cuando por derecha había sido el mejor?) y, para colmo, se sumaron esos desacoples defensivos que tanto sufrió en la pasada temporada.

La tempranera lesión de Carlos Izquierdoz obligó al Mellizo a mandar a la cancha a Paolo Goltz, que tampoco estaba del todo bien desde lo físico. Y tanto él como Lisandro Magallán quedaron expuestos en los goles de Estudiantes. En el primero fallaron en un balón detenido y, en el segundo, quedaron pagando cuando el juvenil Matías Pellegrini encaró hacia la zona de definición.

Ni siquiera Esteban Andrada entregó la seguridad que venía mostrando desde que se hizo cargo del arco y tuvo una floja respuesta en la última conquista.

Guillermo buscó cambiar el trámite, pero no lo hizo apostando por Carlos Tevez, sino por Ramón Abila y por el colombiano Sebastián Villa, quienes tampoco fueron solución.

El cerrojo del Pincha nunca se pudo quebrar, pero la preocupación es otra. ¿Habrá sido solo una mala tarde?. El próximo fin de semana ante Huracán, Boca tiene revancha y allí estará obligado a cambiar la imagen que dejó ayer en Quilmes. Una imagen que no fue nada buena.

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