Además, aclara que, para contratar el servicio, hay que ser mayor de 18 años.
El dueño y creador de la picante propuesta se inspiró en las películas pornográficas protagonizadas por repartidores de pizza, que acuden a la casa de mujeres solas.
“No se corre el riesgo de perder dinero apelando a un pequeño denominador común. Todo el mundo sabe que el sexo vende”, dice Wildeman, que quiere abrir franquicias fuera de Canadá.