Se trata de una cuadro muy sombrío, con rmado lamentablemente por la “lista roja” de especies amenazadas de desaparición de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Si todas esas especies (clasi cadas en “peligro de extinción”, “en peligro” o “vulnerables”) se extinguieran de aquí al fin del siglo XXI y las extinciones continuaran al mismo ritmo, en un plazo de 334 años habrán desaparecido más de las tres cuartas partes de las especies mamíferas indica el estudio.
Las cinco grandes crisis, apodadas las “Big Five” (cinco grandes, en inglés) se desarrollaron en una escala de tiempo geológico -centenas, incluso miles de millones de años- extremadamente larga comparada a la historia de la humanidad.
La extinción más brutal, y la más reciente, ocurrió en el Cretáceo, hace unos 65 millones de años, cuando un cometa o un asteroide de unos 15 km se estrelló contra la Tierra, en la actual península de Yucatán, en México.
La colisión, de una potencia equivalente a mil millones de bombas atómicas, habría proyectado en la atmósfera nubes de polvo que cambiaron brutalmente las condiciones climáticas.
Ese cataclismo provocó la desaparición de 76% de las especies, en particular de los dinosaurios.
Según los paleontólogos californianos, se necesita una rápida toma de conciencias para frenar esta sexta crisis de extinción, que se desarrollaría sobre un período que supera la imaginación.
“La reconstitución de la biodiversidad no se hará a una escala de tiempo a talla humana. La evolución de nuevas especies lleva al menos centenares de miles de años”, dicen los cientí cos, que concluyen con una nota de optimismo.
“Hasta el presente, sólo el uno al dos por ciento de todas las especies de los grupos que conocemos se han extinguido. Al parecer todavía no hemos avanzado mucho en la vía de la extinción. Todavía podemos salvar mucho”, dice Anthony Barnosky.