Parece que ser padre es mucho más difícil de lo que suele creerse. Es que no pasa solamente por ayudar a la madre con la crianza del niño, sino que se ponen en juego otras cuestiones más profundas, que operan en la psiquis del pequeño y en lo que será su futura salud mental.
Desde la teoría psicoanalítica, tanto la paternidad como la maternidad son funciones que van mucho más allá de quien biológicamente haya dado la vida. En este sentido, la licenciada Silvia Justo (M.N. 9656) apunta algunas reflexiones para comprender de qué se está hablando.

“La función materna consiste en alimentar y cuidar al niño dándole afecto y ternura. Las madres que son abandónicas o su contracara, excesivamente posesivas, muestran el fracaso de dicha función, ya que se apropian del niño como si fuese un objeto y no habilitan al padre, condenándolo al papel de mero reproductor biológico”, explicó.

Como contrapartida, “hablar de padre es hablar de ley, no de la ley de los códigos civil o penal sino de una ley que en el mejor de los casos ejerce el padre dentro de una estructura familiar, es decir, dentro de la tríada madre, niño, padre”.

Aunque parezca complejo, la profesional, aclaró: “Es el padre quien con su presencia y ejerciendo su función enuncia prohibiciones, permitiendo de esta forma que el niño no quede adherido a la geografía materna, ya que hay un tercero, el padre, que lo prohíbe, generando de esta forma un orden en el circuito familiar”.

Cabe resaltar que, en psicoanálisis, al ser padre y madre funciones, que pueden ser cumplidas por cualquiera que sea capaz de ejercerlas dentro de la estructura que rodea al niño.

“Un padre es aquel que por su deseo de serlo tiene lugar en su psiquismo para alojar un hijo”, afirmó Justo.

Pero, ¿quién da cuenta si hay deseo de padre?. Para la licenciada, “una respuesta posible es el amor que se traduce en cuidado, en el amparo por ese hijo y otra respuesta es la expuesta anteriormente, que no deja pegado al hijo con la madre ya que también está portando su deseo de padre que implica tener un lugar para ese hijo”.

“Cuando un niño nace la madre tiende a apropiarse de él y el hijo a fusionarse con ella. La verdadera función paterna es establecer el corte a través de las palabras que condensan la ley: ‘a la cama nuestra no’, ‘èl tiene su cuarto y su cama’ o ‘si tenés miedo voy a tu cuarto pero vos no podés dormir con nosotros’, por citar sólo algunos ejemplos”, precisó.

Sin embargo, no todo padre biológico está a la altura de la función que tiene que encarnar. Según Justo, “las fallas paternas retornan en síntomas en el niño”.

“Hay padres que parecen madres, son padres maternizantes, padres que tienen temor a que a edades adecuadas su hijo se quede a dormir en la casa de un compañero o que cruce la calle solo. También hay padres que fraternizan la relación y se hacen cómplices de las transgresiones y desafíos de su hijo. Si el niño hace lo que quiere siente que no le importa al padre, que no es querido por él, ya que el amor de un padre se transmite a través del cuidado y de la protección, siendo el límite y muchas veces el castigo maneras de transmitirlos”, dijo la psicoanalista.

Justo reflexionó que “muchos de los males de esta época están ocasionados por la caída de esa función: violencia en las escuelas, es decir, los alumnos avalados por sus padres o los padres mismos avanzando no sólo con la palabra si no, muchas veces, con el cuerpo sobre la figura de maestros y directivos”.

“La violencia que hace marca en nuestros días hace que el sujeto carente de redes éticas y solidarias basadas en el amor, intente afirmarse destruyendo al otro. Entonces se mata, se viola, se prende fuego al otro como forma de afirmarse en un lugar que está muy alejado del amor y donde no hay lugar para dos. Es o yo o el otro”, remarcó.

La paternidad es una función más allá de lo biológico y puede encarnarla un abuelo, un tío o, en ocasiones, la propia madre, despegando al hijo de ella misma y permitiendo que se desarrolle con libertad.

¿Y si llora?

Es fundamental que, vía la palabra del padre, los niños sean separados del cuarto conyugal. Lo ideal es que tenga su propio espacio desde los primeros días de vida y que sean los padres quienes se acerquen si llora.

¿Quién tiene la culpa?

Las llamadas patologías del vacío -bulimia, anorexia, adicciones- tan comunes en nuestros días, revelan una falla no sólo en la función paterna sino también en la que llevó a cabo la madre del niño o niña.


Saber qué somos

El rol cumplido por el padre y por la madre tendrán un impacto fundamental en la vida adulta. Si estas funciones fallan, retornarán en forma de síntomas no sólo en la infancia sino durante el resto de la vida.

Cuando las cosas no salen como debieran

La caída de la función paterna propia de nuestros días genera, para la licenciada Silvia Justo, “patologías del vacío, como son las adicciones, punto peligroso no sólo para el sujeto sino también para la sociedad”.

“Vemos de esta forma que cuando la función del padre en la estructura familiar ha fracasado, su hijo anda a los tumbos y conlleva la caída del futuro adulto. Es de suma importancia que los padres puedan preguntarse como funciona la ley en la familia que han constituido, ya sea para rectificar o ratificar el camino elegido”, opinó.

Además, aclaró que la función del padre tiene que ser avalada siempre por la madre: “En caso de no poder ejercerla su hijo buscará a través de conductas antisociales el amor de ese padre, aunque más no sea a través del castigo, ya sea de los directivos de la escuela a la cual asiste o a través de la ley encarnada por la policía o los jueces, tanto en la adolescencia como en la vida adulta”.

“También -añadió- a través de formar parte de una secta o grupos religiosos delirantes o místicos, que actúan como si fueran la ley en tanto que condensan, desde algún lugar, la figura paterna”.

Los especialistas aseguran que en los tiempos que corren la figura paterna y su ejercicio de la ley están cada vez más desdibujados.

Cabe aclarar que, aunque el padre puede cumplir con su rol aún en caso de parejas separadas, muchas veces en estos casos los hijos son tomados por uno u otro miembro de la misma como rehenes, sin que a ninguno de ellos les importen las consecuencias que esto puede tener en el psiquismo infantil.

En definitiva, ser padre y ejercer de tal es fundamental a la hora de hablar de un crecimiento y un desarrollo lo más sano posible.

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