Los libros Ramayana, Mahabharata, Ramatcharitra, Mahavira, Drona Parva, Rasernava y Kiratarjuniya. describen artefactos voladores y armas con poder destructivo similar o mayor al nuclear. ¿Imaginaciòn o conocimiento extraterrestre?.
Los libros Ramayana, Mahabharata, Ramatcharitra, Mahavira, Drona Parva, Rasernava y Kiratarjuniya. describen artefactos voladores y armas con poder destructivo similar o mayor al nuclear. ¿Imaginaciòn o conocimiento extraterrestre?.
El Ramayana, uno de los libros sagrados de la India, atribuido al poeta Valmiki (siglos IV a III A. J.C.), relata como el príncipe Rama (una de las deidades más importantes del hinduismo y protagonista de la epopeya narrada en el Ramayana) lanzó una invasión realizada desde el aire utilizando artefactos capaces de ser dirigidos inteligentemente dentro de nuestra atmósfera contra Sri Lanka (Ceilán).
También sostuvo varias batallas para liberar a su esposa que había sido atrapada por el gigante Ravana. El rescate se resuelve mediante la intervención de “vimanas” vehículos aéreos que se desplazan a velocidades supersónicas y cuentan con armamento de características y poder de fuego similares a nuestros actuales misiles aire/aire y aire/tierra así como bombas incendiarias y el uso de rayos que, como se encuentran descriptos en tales antiguos textos, parece tratarse de una forma de láser muy superior a los que tenemos hoy en día.
Otras descripciones traen el recuerdo de lo sucedido con Sodoma y Gomorra; semejan explosiones atómicas.
Hay aquí referencias a “carros de fuego”. Así leemos “... volaba en su carruaje espléndido como el Sol y ruidoso cual lo es el trueno... el carruaje volador brillaba como una llama en el cielo nocturno del verano... pasaba raudo como un cometa... parecía brillar cual dos soles... cuando el carruaje se levantaba el cielo todo se iluminaba.”
Pero no es el único texto sagrado hindú que trae reminiscencias de esta índole.
Lo propio ocurre con el Mahabharata que describe una guerra que consiste en una secuencia de batallas –unas libradas en tierra firme y otras directamente en el cielo– entre Arjuna y otro gigante: Rakshasas. Vehículos voladores y vectores cargados con armas atómicas cuyos devastadores efectos sobre las ciudades son descriptos con claridad similar a la utilizada por los periodistas para Hiroshima y Nagasaki.
Leemos: “ Fue un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de la muerte que redujo a cenizas a todos los miembros de la raza de los Vrishnis y de los Adhakas. Los cadáveres quemados eran irreconocibles, las uñas se les caían, ... los pájaros se tornaban blancos. En pocas horas todos los alimentos dejaron de ser comestibles...”
Seguimos: “Fue lanzado un proyectil gigantesco que ardía en fuego pero sin humo y una oscuridad profunda descendió sobre los soldados y también sobre sus pertrechos. Levantose un viento terrible y nubes por doquier color sangre descendieron hasta la superficie: la naturaleza enloqueció y el Sol giró sobre sí mismo. Los enemigos caían como arbustos destruidos pro las llamas, las aguas de los ríos hervían y los que se lanzaron en ellas procurando salvarse sólo consiguieron morir miserablemente. Toda la vegetación ardió, los elefantes proferían groseros sonidos y los caballos relinchaban mientras se lanzaban en todas direcciones en locas corridas. Cuando el viento disipó las columnas de grueso humo despedida por los incendios, quedaron a la vista millares de cuerpos humanos reducidos tan sólo a cenizas...”
Para mayor sorpresa en otros párrafos hallamos referencias a armas que eran capaces de atontar al enemigo o bien sumirlo en profundos sueños... Ciertamente, son descripciones difíciles para producir apenas con una frondosa imaginación sin tener conocimiento previo de la existencia de armamentos letales como los que construimos a partir de avanzado el Siglo XX. Hasta el menos avisado entiende, de inmediato, que solamente es capaz de hacer estos relatos quien, en verdad, ha sido testigo de lo anotado. Pero, claro, otra vez la pregunta sin respuesta: ¿Quién construía y manejaba armas tan devastadoras como las atómicas que conocemos hoy en aquellos tiempos que según la historia oficial se peleaba –apenas y a lo sumo– con espadas y lanzas?
Otros textos originalmente redactados en sánscrito también incluyen historias similares. Son el Ramatcharitra, Mahavira, Drona Parva, Rasernava y Kiratarjuniya.
Una moderna traducción, pero ajustada al sentido del texto, de lo que puede leerse en éstos, dice: “Las máquinas voladoras, vimanas, tenían la forma de una esfera y navegaban en los aires por efecto del mercurio, que suscitaba un gran viento propulsor.” “Unos hombres, albergados en las vimanas, podían así recorrer grandes distancias en un tiempo milagrosamente breve”. “Las vimanas eran conducidas a voluntad por el hombre que la guiaba, volando de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, hacia delante o hacia atrás, según la disposición del motor y su inclinación”.
En otro sitio se aclara que el arma usada por el héroe Rama “destruía las ciudades al provocar una luz más brillante que cien mil soles.” No hay que ser gran conocedor como para no encontrar total similitud con lo que ocurre tras una explosión atómica. ¿Quién podía haber construido cosas así en aquellos tiempos?
Siguen las descripciones, de gran precisión:
“Un carro aéreo, el Puschpaca, transporta a varias personas hacia Ayodhyá. El cielo está sembrado de carros voladores, negros como las tinieblas, de los cuales se desprenden reflejos amarillentos.” Bastante parecido a ciertas descripciones actuales de OVNIS, ¿cierto?
Pero, quizás, lo más sugerente e inquietante es lo que dice Rama sobre la manera en que es posible acceder a estos secretos:
“No pueden ser manejadas sino por tradición, esas armas que son lanzadas y retiradas por un secreto mágico. Al haber cumplido las penitencias por el adelanto de la Ciencia Sagrada, durante más de mil años, los antiguos Sabios, Brama y los demás, vieron por revelación esas armas y su gloria, frutos de austeridades.”
De esta lectura se desprenden aspectos a subrayar. Se trata de conocimientos reservados a unos pocos; no accesibles a la población en general. Tal tecnología no fue resultado de una evolución sino que se hicieron con ellas “por revelación”; lo que lleva a entender que les fue dada por alguien considerado una divinidad puesto que habla de “Ciencia Sagrada.” Una vez más nos topamos con conocimientos humanos que fueron dados por una entidad inteligente desconocida y que, por ello, se le consideró una deidad.
Todo lleva a suponer que existe una “historia no oficial” donde hay claros registros de civilizaciones (terrestres ¿atlantes? o venidas de otros mundos) que habitaron nuestro planeta y estuvieron vinculadas a culturas de la antigüedad.
Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, investigador del fenómeno OVNI, parapsicólogo, filósofo y escritor. “¿Qué hay detrás de los OVNIS?, es su más reciente libro. www.antoniolasheras.com