Y en este escenario, resulta inevitable recurrir a las comparaciones. Hace un año atrás, Falcioni disponía de un campo propicio para desarrollar sus ideas. Sin Riquelme, su "enemigo", quien decidió salir del proyecto luego de perder la final de la Libertadores, el técnico tuvo todo a favor para demostrar que podía hacer funcionar el equipo a su manera, pero erró en las contrataciones (llegaron Albín, Acosta y Burdisso como principales refuerzos) y sus "soldados" (Silva, Erviti y Somoza) no le respondieron como esperaba. Y en ese contexto, la salida del enganche terminó siendo una culpa demasiado pesada con la que tuvo que cargar, con el agregado de que la salida de algunas figuras, como Roncaglia, Insaurralde y Cvitanich, no pudieron ser disimuladas con refuerzos de mediano nivel.