Frutilla del postre Ganar la
Copa Libertadores es de por sí un hecho sublime. Pero alcanzarlo luego de sacar de carrera en alguna fase previa al rival de toda la vida, es casi un sueño. Encima este mismo equipo de
Marcelo Gallardo, casi con los mismos nombres y apellidos, también
fue campeón de la Copa Sudamericana el año pasado sacando de carrera a Boca, aunque en las
semifinales nada menos. Imposible que los hinchas y los protagonistas directos de esta historia olvide semejantes consagraciones en el resto de sus días.
Pero además fue una Copa Libertadores como para que River la titule: "Para saber gozar, primero hay que saber sufrir". Porque el equipo de Marcelo Gallardo estuvo dos veces a punto de caer "fuera del ring". La primera en la fase de grupos, donde llegó a la última fecha sin depender de si mismo para clasificar. Si
Juan Aurich le ganaba de local a los Tigres de México, había que decirle "fuiste" al Millonario. Ganaron los mexicanos, que paradojas del destino terminarían rendidos a los pies del equipo de Marcelo Gallardo en la final. Tigres le dio vida a River y River lo ajustició nada menos que en la final.
El otro momento complicado fue en los cuartos de final, luego de la derrota 1-0 como local ante el
Cruzeiro. Ese gol visitante pareció un puñal que dejaría sin vida al Millonario en la Libertadores, pero en la revancha en
Belo Horizonte se vio quizá la mejor actuación del equipo de Gallardo en el torneo:
goleó 3-0 a los brasileños y se metió en semi para irse al receso confiado y tranquilo. Después de la
Copa América la historia conocida: eliminó a Guaraní en semi y dio la vuelta olímpica y levantó la Libertadores ante los
Tigres en el Monumental.