El Rector precisó que los estudiantes deberán realizar las cuarenta horas de trabajo comunitario a lo largo de su carrera “en cuestiones relacionadas con los conocimientos adquiridos”, que aplicarán en “zonas vulnerables”.
El objetivo de la nueva disposición “es una manera de devolverle a la sociedad algo de todo lo que nos da, especialmente en los sectores más vulnerables”, explicó.
“Queremos que los estudiantes apliquen el conocimiento” que adquieren y “a la vez aprender” de esa experiencia solidaria, afirmó, y estimó que ello “permitirá enriquecer la práctica universitaria con el contacto con el medio social y los sectores populares”.
En el lapso que transcurrirá hasta su implementación el año próximo, las trece facultades de la UBA modificarán sus programas de Extensión o crearán otros nuevos para que la sociedad perciba en esta práctica que los estudiantes se forman y trabajan para todos los sectores sociales.
Hallú defendió los beneficios de la medida y sostuvo que la Extensión permite generar una forma muy efectiva “de relación entre la universidad y la sociedad” y convertirse en un medio de acercamiento a los sectores menos favorecidos para “ayudar a promover su desarrollo”.