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12 de octubre 2026 - 08:03
Cristóbal Colón y una historia muy extraña/ Por Antonio Las Heras

El autor -que es historiador- afirma que el Gran Almirante tenía perfecto conocimiento de que viajaba a unas tierras a las que los europeos –así como los vikingos, fenicios, chinos e hindúes– visitaban desde hacía siglos con fines estrictamente comerciales.

La hipótesis que aquí expondré es que fue necesario “oficializar” el descubrimiento del Nuevo Continente. El Gran Almirante tenía perfecto conocimiento de que no viajaba en busca de Japón, ni del extremo de Asia, sino de unas tierras a las que los europeos –así como los vikingos, fenicios, chinos e hindúes– visitaban desde hacía siglos con fines estrictamente comerciales.

Cuando se advirtió que ya era imposible seguir manteniendo el “secreto”, los reyes de Portugal, España y Francia –en acuerdo con el Papa– comenzaron a idear un plan que les permitiera dar a luz los hechos entramados en una leyenda (para la cual se prestó Colón no sin inconvenientes) y que les permitiera convertirse en dueños de las Nuevas Tierras de manera legal.

¿Nuevo Continente?

El “Nuevo Continente” era conocido por todos los grandes navegantes cuando todavía Cristóbal Colón ni siquiera pensaba con atravesar el Atlántico. De hecho, los miembros de la Orden Templaria llegaban a estas tierras ya en el siglo XIII con la finalidad de conseguir –sobre todo– plata con la que acuñar moneda.

Numerosas embarcaciones atracaban en las costas atlánticas de América antes de Colón, movidos por los negocios. Eso si, los marinos, antes de zarpar, juraban ante su capitán no revelar nunca jamás ni el destino ni la ruta del viaje.

La ceremonia, que se hacía delante de toda la tripulación, era tan importante que, los cristianos debían jurar sobre la Biblia.

Marino de Tiro (Siglo I a. J.), en un barco romano guiado por un capitán griego, realiza un viaje comercial a Indochina navegando por Borneo siguiendo al este durante muchos días hasta llegar a Catigara, una población en las actuales costas peruanas sobre el Océano Pacífico. Contra lo que suele creerse, eran barcos enormes con capacidad para hasta para 600 pasajeros y amplias bodegas. El famoso mapa de Ptolomeo, que muestra el continente americano, se basa en el mapa trazado por Marino de Tiro.

Catigara es una palabra sánscrita. Está próxima a Chan Chan (extraordinaria ciudad precolombina de adobe construida en la costa norte del actual Perú) y a Petén (en la actual Guatemala) donde se habla una forma china desde siempre. Si bien a la denominación “Chan Chan” se le atribuye un origen Chimú que puede traducirse como “sol resplandeciente”, otros investigadores afirman que significa nada menos que “golfo de los chinos.”

Ocurre que chinos e hindúes conocieron América a la que llegaban recorriendo un “golfo gigantesco” que en los mapas figuraba como “Sinus Magnus.” Creían que era un “golfo” porque navegaban bordeando las costas asiáticas y americanas del Pacífico. Los chinos –que fueron excelentes navegantes– llevaban en sus navíos a hindúes, que fueron muy buenos comerciantes pero malos navegantes.

Los chinos navegan por el Pacífico hacia el año 450 a.J.

Hay claros elementos indicativos de que hacia 450 a. J. los chinos realizaron sus primeros viajes por el Pacífico llegando a las costas americanas. En China hay documentos que mencionan animales y plantas con descripciones que se ajustan a las de los búfalos y el maguey describiendo en este último caso hasta las aplicaciones útiles que este vegetal tiene y que los aborígenes precolombinos siempre aprovecharon.

Los chinos le hablaron a Marco Polo de que más allá del mar había una civilización. A más abundar, recordemos que entre los ropajes más delicados que utilizaba el Inca los había de seda de neto origen chino. Esto producto del intercambio comercial que había entre ambos continentes.

Desde el Siglo XIII llegaban a América normandos, bretones y vascos que pescaban en Terranova, a punto tal que todavía hoy hay un sitio que se llama “Cabo de los Bretones”. Pigafetta, en la primera expedición de Magallanes, tenía pleno conocimiento sobre cómo era la entrada al estrecho (1520) antes que, siquiera, lo hubieran visto.

El Papa otorga las tierras a España y Portugal con antelación a que Colón hubiera concretado su “descubrimiento”. ¿Cómo tenía certeza Su Santidad de que habrían de hallarse nuevas tierras? A la vez el Rey de Francia informa al embajador español que su corona reconocerá el laudo pontificio menos aquellos sitios a donde sus pescadores viajan desde dos siglos atrás.

Colón zarpa del Puerto de Palos (3 de agosto de 1492)

Colón zarpa en secreto

Es curioso que Colón, a quien tanto le gustaba la figuración y las pompas, haya hecho levantar anclas del Puerto de Palos a sus tres navíos en forma secreta, intempestiva, en horas de la madrugada cuando todavía el Sol no estaba sobre el horizonte. Embarcó aquel viernes 3 de agosto de 1492, a 30 judíos, incluyendo a uno que leía hebreo ¿un rabino, acaso? Esto ocurre justo horas antes de que venciera el plazo impuesto por el Rey Fernando, el Católico, para que todos los judíos no conversos abandonaran territorio español. A diferencia de lo que era habitual en este tipo de viajes, Colón no lleva a ningún sacerdote católico.

Bartolomeo, hermano de Cristóbal Colón, era un eximio cartógrafo y Cristóbal aprende de él. En esos tiempos realiza un viaje a Irlanda y a Groenlandia llegando, probablemente, a las costas de América del Norte. Groenlandia era conocida como Findland y había colonias vikingas establecidas entre los siglos X y XIV en la región costera de norteamérica.

Colón consigue ingresar, con la ayuda de una dama de la nobleza, a los archivos de la tesorería del rey portugués en Lisboa. Allí encuentra, entre otros, el mapa del matemático Toscanelli que muestra las costas de una supuesta “Asia” muy próximas a Europa. El Almirante se quedará por cinco meses en Lisboa y, al parecer, confirma la idea de que del otro lado del Atlántico hay una tierra oficialmente desconocida.

Colón se instala por un tiempo en las Islas de Madeira donde conversa discreta y cuidadosamente con los más avezados marineros quienes le refieren datos, aunque muy difusos, de lo que se encuentra en el otro extremo del Océano Atlántico. A la vez comprueba que, de vez en cuando, esas aguas arrojan a las costas objetos –maderas manufacturadas, por ejemplo – de origen absolutamente desconocido. Escucha, de distintas fuentes, el comentario de que una vez habían hallado una embarcación con cadáveres de seres humanos con vestimentas nunca vistas ni antes ni después.

En Salamanca, Colón brinda su informe a los sabios geógrafos afirmando que encontrará tierra a 5.772 km. de la costa europea. Dato que es absolutamente correcto. Los científicos no aceptaron la idea colombina, empero estaba en lo cierto. ¿Cómo había obtenido una cifra tan exacta?

Para esa fecha recibe una carta de Don Segundo, Rey de Portugal, haciéndole conocer que si lo desea será bienvenido a tierras lusitanas y que, en caso de haber sobre él algún delito, queda amnistiado desde ya. De acuerdo a algunas investigaciones Colón había obtenido datos fidedignos para llegar a América de la boca de cinco marineros quienes, en su totalidad, resultaron muertos envenenados tras una cena con quien después sería el Gran Almirante.

Una extraña coincidencia, por cierto. Don Segundo tenía especial interés en que Colón regresara a Portugal y, desde allí, llevara adelante la navegación. Pero no fue así. Finalmente el viaje lo financió el comerciante Luis de Santángel –Escribano de Ración de la Casa Real y Tesorero de la Corona de Aragón, algo así como el Ministro de Economía del Rey Fernando– junto con algunos otros empresarios, de origen judío, como Abraham “el Viejo” e Isaac Abravanel. Es falso que la Reina Isabel de Castilla empeñara sus joyas.

Colón pone como capitán de la Pinta a Martín Alonso Pinzón – “casualmente”, el primero en advertir tierra... quizás porque en sus mapas ya figuraban esas islas conociendo de antemano cuando habría de observarlas –que ya era un destacado navegante a quien, años antes, una tormenta había llevado su embarcación llegando hasta lo que hoy es el norte de Brasil.

Es interesante destacar que ya en el Siglo XIII llegaban a Normandía troncos de madera “brasil” manteniéndose en secreto el origen de los mismos, salvo en el “Libro de los Gremios” en que se deja clara constancia. De esos mismos “Gremios” surgirá cuatro siglos después la Masonería moderna. A la vez eran –en ese Siglo XIII– los Templarios quienes coincidentemente administraban los Gremios y eran conocedores de América de donde también conseguían la plata con que financiaron todas sus construcciones.

Luego de 700 años, los Templarios quieren volver

En ese primer viaje, el 12 de octubre de 1492 no llega, realmente, al continente americano sino a las Islas Antillas que ya figuraban en los mapas.

El viaje de Colón no fue, pues, otra cosa que el camino elegido para la revelación pública de datos secretos que estaban en manos –desde hacía siglos– de la realeza, los grandes comerciantes y los principales capitanes de mar. Cuando ya no era posible seguir manteniendo el secreto, se toma la decisión de difundir esta información guardándose Portugal y España – entonces dueñas del poderío marítimo – de dividirse los territorios (mediación a cargo del Sumo Pontífice) aún antes de haberlos descubierto “oficialmente”.

Antonio Las Heras es autor del libro “La trama Colón”, publicado en España por Ediciones Nowtilus. www.antoniolasheras.com