Las grandes pasiones suelen nacer en la infancia, casi jugando, y sin darnos cuenta. A veces, los deseos de los padres pueden influir en marcar un camino, pero como dice Machado “ese camino se hace al andar” y puede o no cambiar su trayecto.
Cuando tenía poco más de dos años Erica Gigena fue enviada a aprender danzas españolas por decisión de sus padres, y aunque no desde lo racional, el hechizo que tuvo fue especial. “Quedé fascinada para siempre” nos cuenta, y asegura que “más allá de lo chica que era, sentí que ese camino no lo iba a abandonar nunca, y hoy, a los 42 años, no me arrepiento de haberlo seguido”.
Entre los vagos recuerdos de Erica, está el haber visto bailar en una televisión vieja a la gran Carmen Amaya, y siente que “de chica se me abrió la puerta, pero me gustaba todo el arte, desde pintar y dibujar hasta cantar, también me gustaba actuar y escribir, quizás lo único que me quedó como deuda fue aprender a tocar un instrumento”.
Relata que “en la adolescencia dejé la danza, fue un momento de cambios, me puse a estudiar teatro, y también quería incursionar en dirección y producción de cine. Realicé algunos cursos, y me inscribí en la Escuela Nacional de Arte Dramático”.
Ya adolescente, y convencida de que su lugar en el arte era la danza, decidió iniciar cursos con una profesora de flamenco, un género que expresa dolores, penurias, sufrimientos en su canto, y que con muchas influencias árabes, de los moros y de otras culturas, decantó en la España del Sur durante cientos de años.
Apenas terminó el secundario Erica se especializó en danza clásica, española y zapateo americano, para luego integrar una compañía de flamenco, y a partir de allí se dedicó a full a esta pasión que sentía. “Era algo que me debía, comencé a involucrarme, y a partir de ahí, la danza siempre fue mi medio de vida”, reflexiona.
Además de haber concretado desde hace más de 15 años su propio proyecto, Erica mantiene una actividad docente constante en esa disciplina, y dice que “en general son más las chicas que se acercan, de a poco más varones se animan, algo que en España es muy normal”.
Actualmente Erica, que además de bailaora es coreógrafa y directora, desarrolla su actividad docente en Submundo, un estudio ubicado en Almagro, donde concurren numerosas alumnas, y señala que “además solemos dar clases en distintos lugares del interior, hemos ido a Salta, a ciudades como Güemes y Metán, y hay un entusiasmo muy especial”.
También integra junto a la actriz y bailarina Eleonora Pereira el emprendimiento “Duas Flamencas”, con el que suelen presentarse en distintas salas de Capital y el GBA, y con propuestas siempre renovadas, con coreografías y creaciones musicales propias y comenta que “con Duas tenemos muchos formatos, desde flamenco tradicional junto al guitarrista Manuel Sosa, dos chicas cantantes, flauta traversa y percusión a propuestas más austeras”.
Entre los espectáculos presentados que más recuerda, Erica nos habla de “Transplantado”, una mezcla de flamenco con ritmos latinoamericanos, y en 2012 con el audaz título de “Me cago en to tus muertos”, una obra de flamenco-danza, inspirada en una expresión que le escuchó decir a una bailaora en España.
Con “Duas Flamencas”, Erica representó a Argentina un par de años en la Bienal del Flamenco en Maracaibo. Ahí conocieron al bailaor vanguardista español Fernando Parra, con quien surgió un proyecto para presentar en el Centro Haroldo Conti, un intercambio que para Erica forma parte de esta hermosa aventura que ella misma eligió.
Pese a su amor por el flamenco, Erica no deja de tener su corazoncito también para el tango, y mucho más cuando su marido, Pablo Perrone, es bailarín del género porteño y tiene un local llamado Milonga del Galpón donde se dan cita amantes del tango y especialmente del baile. Nos cuenta Erica que “con Pablo viajamos a Cuba e hicimos el espectáculo ‘Lorca en mí’, basado en textos de García Lorca, en donde se hacía una dramatización, y un encuentro entre distintas regiones, yo era la gitana y él el porteño, y terminábamos bailando un tango”.
Según su opinión, “el tango con el flamenco son parecidos en su construcción, aunque el flamenco es más individual y el tango es para dos personas”, remarca que “en general no trabajamos juntos pero compartimos el amor por el baile” y dice que “Pablo tiende hacia el tango más tradicional, pero siempre intenta otras búsquedas”.
Erica asegura que el flamenco no tiene edades, “pero hay mucha gente joven que se acerca” y detalla que “soy una de las pocas que tienen una niña, Floriana Berardi, que empezó a los 6 años, tiene 13, y es un prodigio como baila”.
Con respecto a la identidad, Erica comenta que “a veces se discute si el flamenco es parte del folklore, y en realidad es un patrimonio cultural, como lo es el tango, y aunque parezca raro decirlo, tienen culturas parecidas en su evolución y en lo que expresan”.
Aclara que “se practica y es propio de regiones como Andalucía, Extremadura, Murcia, gran parte del Sur español, así como el Norte tiene la jota aragonesa o la gallega, que son más alegres” pero todo es pasible de fusionarse, y Erica considera que “al tener que ver con los gitanos, y estos ser un pueblo nómade, las influencias son muchas y se ha ido transformando, hasta acercarse a veces hasta el jazz y el blues”.
Para Erica, “el cante es como la raíz, la madre, y lo musical se fue incorporando luego. Uno escucha lo que es el quejido del cantante y se da cuenta de las penurias y desengaños amorosos que expresa, o las pérdidas de seres queridos”.
Remarca además que “a partir de artistas como Paco De Lucía, Joaquín Cortez o Manolo Sanlucar se amplió mucho el público y se enriqueció la propuesta, llegando a nuevas generaciones” y señala como ejemplo que “Paco y su grupo introdujeron el cajón de percusión en el género”.
Erica piensa que “el flamenco es un género que escapa a las modas, yo hace bastante que doy clases y siempre viene la misma cantidad de gente a aprender. Puede pasar que exista algo pasajero, como cuando estuvo la novela “Soy Gitano” y algunos descubrieron el género, pero no más que eso”.