Cuenta que lloró mucho cuando hace cuatro meses, siguiendo su intuición, encontró en las afueras de Puerto Argentino la posición que ocupó en Supper Hill, aunque la trinchera en estos 32 años había sumado turba y ya no lograba cubrirlo totalmente. Pero a criterio de Juan Carlos, no solo la trinchera vio modificada sus dimensiones.
Héroes gordos
"A veces, cuando damos charlas a los chicos de las escuelas, creo que los pibes piensan que fuimos a pelear así como nos ven ahora, gordos, panzones y canosos, y hasta deben pensar que por eso perdimos la guerra", ironizó, y eso se debe, especuló, "a lo poco que se les enseña sobre lo que hicimos".
Por eso cada aniversario de Malvinas es un día especial para Juan Carlos y tantos otros veteranos, quienes después de la guerra afrontaron la indiferencia, el olvido y la discriminación porque, aclaró, "hasta tuvimos que hacernos documentos nuevos donde no dijera que éramos ex combatientes porque sino no nos daban laburo porque decían que habíamos vuelto locos ".
Pero Juan Carlos, que desde hace siete años es auxiliar en la escuela 92 de, coincidencias aparte, del barrio 2 de Abril, en Lomas de Zamora, después de la guerra fue albañil como su padre, luego plomero y durante 20 años operario de una metalúrgica en San Martín.
Quizás este miércoles Juan Carlos arranque el día dominado por cierta melancolía que irá mitigando en la medida que lleguen saludos de la familia, puntualmente los abrazos de su esposa Selva, de sus hijos Maxi y Gisella, y de la nueva incorporación de la familia, su nietita Catalina, quien para su abuelo héroe se ha convertido en una auténtica condecoración.