En Medellín fue Gardel
Si bien el viaje de Pablo coincidió con el final de una relación que lo llevó a pensar que era el momento para poner distancia en todo sentido, un vínculo sentimental que se extendió tres meses durante su pasaje por Medellín por poco lo deja aquerenciado en ese país. Pero decidió continuar hacia el próximo destino conociendo otros motoqueros, nuevos caminos y personajes singulares que revalorizaron el concepto solidaridad, como las comunidades aborígenes que, aunque cautelosas, siempre le dieron una mano o la mujer que le facilitó para pernoctar una casa deshabitada en Caucasia, un pueblo colombiano donde un piquete minero había cortado la ruta.
'Otra de las cosas que aprendí fue a romper la barrera del miedo de andar solo, porque me parece que los temores están acá', enfatizó, lejos de los caminos que lo llevaron por el continente.
La travesía de Pablo unió General Roca, Córdoba, Catamarca, Jujuy, Atacama, Calama, Tacna, Puno, Cuzco, Máncora, Bogotá, Medellín, Cartagena, Santa Marta, Maracaibo, Mérida, Caracas, Manaos, Trinidad, Santa Cruz de la Sierra, Yacuiba, Tucumán y la casa de sus padres, en Adrogué.
Hoy, Pablo está seguro que no es la misma persona que en enero pasado arrancó hacia la aventura y que pronto volcará en el papel todas sus experiencias. ¿Será en su diario de Chinoleta? "Por qué no", responde, ya proyectado a un nuevo desafío que le permita acceder a otro hito en ese gran viaje que es la vida misma.