En el norte, en el acomodado suburbio de Bryanston, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, se sumó a un homenaje religioso en una iglesia metodista. "Mandela predicó y practicó la reconciliación" después de salir de la cárcel, tras 27 años de encierro y torturas, y especialmente durante la transición del régimen racista del apartheid a la democracia actual, recordó Zuma, citado por la agencia de noticias local Sapa.
La parte más festiva de la jornada, se vivió en el antiguo gueto negro de Soweto, donde el ex presidente vivió durante quince años y donde eligieron recordarlo con oficios religiosos pero sin tanta solemnidad. Allí, en la famosa iglesia Regina Mundi, en la que el joven Madiba celebraba asambleas clandestinas junto a sus compañeros del Congreso Nacional Africano durante el apartheid, el sacerdote Sebastian Rossouw, animó a sus fieles a encontrar un nuevo referente. "El mundo necesita otro Madiba. "El no puede ser el último", pidió Rossouw a una congregación donde los coloridos tejidos africanos vencieron a las prendas de luto.
Fuera de la iglesia, una docente de Ingeniería hablaba con emoción del héroe que derrocó al régimen racista y le dio a la mayoría negra los mismos derechos políticos que a la élite minoritaria blanca. "Nunca pensé que los blancos llegarían a llamarme profesora", dijo, emocionada.