El teniente de alcalde de Giglio, Mario Pellegrini, que estuvo movilizado toda la noche del naufragio para salvar a los pasajeros, dijo que estaba "conmocionado". El barco "se empieza a parecer al de aquella noche", dijo.
"De verdad, es muy impresionante ver el estado del barco. Perturba porque tenemos delante una tragedia ante nosotros", declaró el almirante Stefano Tortora, uno de los especialistas encargados de la rotación.
El experto en rescate de barcos que dirigía las operaciones desde una plataforma flotante, el sudafricano Nick Sloane, fue aplaudido y jaleado como un héroe en los muelles y desde los balcones.
"Siento alivio. Una operación a esta escala nunca se había realizado. Era un poco como unas montañas rusas", confió Sloane, que dirige las obras desde hace más de un año.
"Ahora tenemos que hacer una inspección detallada de los daños sufridos por el barco", añadió, antes de meterse en un bar y pedir una cerveza. "Si es bastante fuerte para erguirse de esta manera, lo es también para volver a flotar", añadió.
"La quilla del barco requerirá importantes reparaciones", añadió Gabrielli.
La compleja operación para enderezar el buque de 17 pisos, 290 metros de eslora y 114.000 toneladas -más largo y casi el doble de pesado que el "Titanic"- había empezado el lunes por la mañana. La nave, que tenía 65 grados de inclinación cuando estaba recostada sobre los arrecifes, inició la rotación impulsada por 36 enormes cables de acero enlazados a pequeñas torres instaladas para la operación.
Hacia medianoche (22h00 GMT), Gabrielli había anunciado que el enderezamiento había superado "el nivel fatídico de los 24 grados" y que se acercaba la fase final.
Unos cien ingenieros y técnicos de varias nacionalidades participaron en la operación para enderezar el barco gigante.
Se trata de una operación sin precedentes en la historia de la ingeniería moderna para una nave de un tamaño tan grande y tan cerca de la costa, de un coste evaluado en más 600 millones de euros.
En la siguiente etapa, la nave será estabilizada con los cajones enormes fijados a babor y estribor en la parte superior del casco, que luego se irán vaciando para permitir que el barco flote y se pueda remolcar.
Una vez reflotado el barco, un equipo de buceadores buscará los restos de las dos personas que siguen desaparecidas, una pasajera italiana y un camarero indio.