Masao Yoshida se convirtió en director de Fukushima Daiichi en junio de 2010, algunos meses antes del sismo y tsunami del 11 de marzo que pusieron en peligro a cuatro de los seis reactores de la central, obligando a las autoridades a evacuar a más de 150.000 habitantes de la región.
Yoshida manejó esta crisis sin precedentes en condiciones terribles, oponiéndose a veces a directivas incoherentes o a la lentitud de su empresa, evitando según expertos del sector que la situación fuera totalmente incontrolable.
Dejó el cargo a fines de 2011, al diagnosticarsele el cáncer de esófago.