Para ayer al mediodía, los cuerpos de 181 personas ya habían sido localizados, según dijeron rescatistas desplegados en el lugar donde cayó el aparato, entre las localidades de Grabovo y Rozsypne, en la provincia rebelde de Donetsk, a unos 50 kilómetros de la frontera con Rusia, informó la cadena de noticias CNN.
La zona está bajo control de los separatistas, y en los últimos días fue escenario de fuertes combates.
Ucrania solicitó una investigación internacional para determinar quién atacó el avión, y Estados Unidos ofreció su colaboración.
El acceso al lugar era ayer difícil y riesgoso. Los rebeldes establecieron cinco retenes en la ruta de Donetsk capital hacia la zona del siniestro, y en cada uno de ellos registraban la documentación de todas las personas que querían atravesarlos.
Los insurgentes reiteraron ayer que recuperaron la mayoría de las cajas negras del avión y que estaban considerando qué hacer con ellos, un día después de decir que pensaban llevarlos a Rusia.
En un campo de girasoles cerca de Rozsypne, mineros de la región rastrillaban el lote en busca de cuerpos, informó CNN.
En Grabovo, cientos de palos y ramas de árbol fueron clavados en el suelo, con trapos o cintas rojas y blancas atadas a ellos, para marcar el lugar donde se hallaron restos humanos.
Entre lo que quedó del avión se veían relojes y teléfonos celulares rotos, pasaportes y pasajes chamuscados.
La cabina y una de las turbinas quedaron a un kilómetro de distancia, y la cola terminó a 10 kilómetros del lugar.