Ellos dan una mano para darles de comer a los chicos", señaló el hombre, quien aclaró: "Lunes y viernes damos la merienda desde las 18, mientras que martes y jueves el comedor funciona desde las 19. La idea es que se vayan a dormir con el estómago lleno, ya que al mediodía comen en los comedores escolares".
El tiempo pasó y más chicos se fueron acercando a golpear la puerta en busca de una taza de leche o un plato de comida. En un momento las prestaciones edilicias se veían desbordadas. Por ello, se apuntó a disponer un espacio para los chicos. "Decidí donarle al comedor una fracción de 10 x 9 del terreno en donde vivo. Fui a Desarrollo Social de la Municipalidad en donde presenté una nota para que me ayudaran con las chapas al menos. Pero me explicaron que como yo tengo un trabajo en blanco, obra social y el comedor está en mi terreno, no me podían ayudar. Entonces salimos a buscar otras alternativas. Así, las 18 o 20 chapas nos llegaron desde la donación de Leandro y Martina, y desde una escribanía de Laferrere. Los demás chicos de Juntos consiguieron las columnas, cerámicas para la pared y pisos. Además pusieron luces y ventiladores para que se pudiera tener lo que hoy disfrutan los chicos, que llevó un año largo de trabajo", relata con satisfacción Robledo.
Y afirma: "Nos faltan comodidades, como bancos por ejemplo, pero nos arreglamos con imaginación y amor", comenta.