'A las 14 ya hay chicos que se paran en la esquina para esperar la taza de leche. Yo salgo y les aconsejo que primero vayan a la escuela', cuenta Mónica para describir la realidad que se está instalando en muchos puntos de La Matanza.
Se genera una responsabilidad tácita en ellas porque 'no podemos decirles que no, ya que cada día aparecen uno o dos más. Y luchamos como podemos, puesto que hay problemáticas diferentes, papás sin trabajo, violencia familiar, abusos, escuchamos de todo. Pero debemos seguir porque ellos sienten que el merendero es un hogar', dice. Y recuerda. 'Un día llovía fuerte y vinieron todos igual. Y cuando se van dicen que se van llenos, porque queda claro que para algunos es la primera y única comida del día.
Se llevan leche cuando sobra', explica Mónica, que para cerrar afirma: 'No les podemos decir que no cuando nos preguntan si pueden traer a un primito. Pero además, esto nos lleva a fijarnos una meta más, que es al menos una vez por semana hacerles un guiso'.