A los 11 años tuvo su primera banda en su barrio, Los Pinos; a los 16 cantó en el grupo Sombras, integró el coro de Leo Mattioli y Dalila. Pero la cumbia quedó de lado y Luis Miguel afloró en su estilo. 'Durante doce años hice un tributo a Luis Miguel, a partir de que mi representante me decía que tengo la voz muy parecida'.
Soñando por Cantar funcionó como bisagra, puesto que le dio la posibilidad de trabajar bajo su nombre. Dejó el tributo y en 2014 'saqué mi primer disco, Comienzo del Sueño, el que presenté en el teatro del Colegio Don Bosco de Ramos Mejía', dice Emanuel, quien está trabajando en el segundo disco, que estaría terminado para fin de año. 'No tiene nombre aún porque depende de gestiones en México, ya que hay chances de que un tema sea incorporado a una novela, que es mi anhelo'.
Estuvo en la TV, trabajó con Cristian Castro y grabó con Dyango, pero no se mueve de Atalaya, en donde acunó el sueño que se hace realidad. 'Tengo un don, ya que nunca estudié canto. En 2012, luego del programa Valeria Lynch, que es mi madrina musical, me becó para estudiar en su escuela de Castelar', revela y cuenta: 'Mi mamá tiene una hermosa voz pero nunca se animó a cantar y de los cuatro hermanos (dos varones y dos mujeres) soy el único que heredó eso de mamá'.
Debió ganarse el mango como camarero en pediatría del Durand, manejando un clark en Ciudad Evita y de remisero, 'lo que tuve que largar porque me empezó a salir mucho trabajo con la música. Y por suerte puedo hacerlo, ya que me gusta cantar, que es como una catarsis para mí', dice.