24 de marzo 2018 - 21:08
Fernanda Alegre, entre la dulce maternidad y el boxeo
La Camionera disfruta de su momento, en pleno crecimiento de su niña, pero no se olvida de los guantes, pues respira esa disciplina todo el tiempo de la mano de su padre, los hermanos y su pareja.
fernanda alegre, entre la dulce maternidad y el boxeo

La noche del viernes 11 de setiembre de 2015 en el Gimnasio Carlos Bottaro del Club Atlético Independiente, de Avellaneda, significó la última aparición sobre un cuadrilátero de Fernanda Soledad Alegre. A dos años y medio de aquella defensa de su título mundial superligero de la OMB (le ganó a la colombiana Lely Luz “La Roca” Flórez, por puntos), La Camionera vive de otro modo, en un mundo de pañales, chupetes, de jornadas con sueño corto. Hoy sus días están dedicados a ser mamá, mientras el boxeo sigue vigente con sus hermanos, su padre, Luis Alegre, y su pareja, Sebastián Heiland.

“Me entreno cuando puedo, porque el tiempo se lo lleva ella, y a veces ayudo en el gimnasio que funciona en el garaje, en donde me preparé para ser profesional y campeona del mundo”, cuenta.

Nayra Heiland, de un año y medio, concentra toda la atención en el hogar de González Catán. “No me deja hacer nada”, confiesa, pero lejos de ser una queja.

No denota tener la necesidad de volver a sentir la adrenalina que destilaba cada vez que se calzaba los guantes. “Por ahora no extraño, estoy bien, quizás porque en el gimnasio lo respiro al boxeo a través de mis hermanos, de Sebastián, de mi papá. Todo es boxeo”, dice. Por eso, volver no parece estar en los planes a corto plazo, al menos.

“Por ahora no sé, no pienso en volver; la nena es chica y en su momento lo hablaremos con Sebastián”, define Sole y recuerda: “No es simple, porque cuando competimos se entrena tres veces al día, ya que fuimos los primeros que hicimos ese tipo de entrenamientos. Son dos horas a la mañana y al mediodía y se sigue por la noche, de lunes a viernes, doble turno los sábados y también los domingos si es que estaba cerca la pelea. Por eso no es simple”, explica Alegre.

Nayra juega, habla, pide, ríe. Su madre la contempla y con sentimiento y orgullo cuenta. “La nena ya mira la bolsa, y como hay una que está más cerca del piso tira algunos golpes. Es zurda como el padre. Cuando puedo la llevo al gimnasio y observa a los chicos que se entrenan y al padre. Copia todo”, señala sin disimular la felicidad de tener a la niña.

De todos modos, “el boxeo sigue estando pero de otro modo”, afirma la vecina de la región. Y cuando tiene que definir qué le costó más, el boxeo o ser mamá, no duda: “No hay libro que se enseña ser mamá, se aprende como el boxeo. Las piñas arriba del ring son reales, pero para mí es mucho mejor y más lindo ser mamá”, destaca y admite: “La paciencia es un punto a mejorar: me cuesta”.

La Camionera disfruta de su presente, a pesar de que está lejos del ring. “La miro cuando duerme o cuando camina y no puedo creer que sea mamá. Es todo tan rápido; caminó al año y ahora ya empezó a hablar”, subraya con admiración Fernanda Soledad Alegre, quien tras 13 defensas del título, canjeó los guantes por dar vida y hoy destila felicidad.