La otra veta de Gonzalo Cabral lleva el rótulo de la gastronomía, el oficio familiar. "Mi papá trabaja en un restaurante, mis hermanas son camareras y mi mamá cocina. Ellas armaron empresa de eventos y trabajan juntas", explica y relata: "Mi papá me consiguió un trabajo de mozo, con lo que hacía changas los fines de semana en restaurant o eventos. Pero ahora sólo hago eventos'. Y enseguida marca la diferencia. "En un local de comidas es más complicado porque hay que tomar pedidos, cobrar, saber los códigos en cuanto a la elaboración de platos, ya que si un cliente pregunta uno debe saber de qué se trata. En cambio, en un evento es más estructurado, solo servís, y reponés bebida".
Gonzalo es zurdo, lo cual en el fútbol suele ser una ventaja, pero en otros frentes no lo parece tanto. "Soy zurdo con la bandeja o con los botines. Soy zurdo pero la vida está hecha para los derechos. En todo se nos complica, para abrir una puerta, para cerrar la puerta, para servir un café", revela Gonzalo, que para el final insiste: "Jugar al fútbol es un sueño inconcluso, pero estoy en el intento de conseguirlo".