No es lo único que disfruta. Le ha reservado un lugar preferencial en su foja de artista, pero hay otras cosas que lo llenan y que hablan de que anda despojado de toda soberbia. "Disfruté enormemente en el Colón, pero siento lo mismo al venir al Teatro Pinti de San Justo y dar clases a mis alumnos o, por caso, actuar en El Show de Mariquena del Prado (los martes a las 21 en el Maipo)", dice. "Mi búsqueda en algún punto fue llegar pero no me quedo ahí, no es lo único, no me la creo por haber estado en el Colón. Siempre hay que buscar ideas nuevas y desarrollarse todo el tiempo, porque existe mucha gente talentosa que no está en un lugar tan privilegiado como el Teatro Colón".
San Yar vivió gran parte de su vida en Villa Celina. Allí abrazó a la actuación para no dejarla ir nunca más. Y en ese trabajo sin pausa pisó en dos ocasiones el escenario del Colón. Debutó allí el 1 de diciembre de 2011 en la Opera Carmina Burana y volvió al histórico lugar el 1 de octubre de 2012 en la ópera prima Sinfonía Argentina. "Por supuesto que tiene su jerarquía y su importancia. Aunque hoy está más abierto, de hecho se han entregado los premios Martín Fierro, algo que antes nadie imaginaba que sucediera. Pero estar allí es impactante", comenta el vecino de Villa Celina.
Su experiencia marca que hubo sensaciones diferentes. "Cuando suena el Colón, uno va a buscar ese teatro impactante, pero, por ejemplo, en el escenario no hay acústica, es decir no te escuchás. El sonido es como seco, es como no tenés sonido de retorno. En cambio, en otros teatros esto no me sucedió", explica.