05 de diciembre 2014 - 11:14
La Nona, un viaje en el túnel del tiempo matancero
Las compras en el comercio se mezclan con botellas, latas, recipientes de alimentos de colección hasta reproductores de música, pasando por una máquina de cortar fiambres antiquísima.
la nona, un viaje en el tunel del tiempo matancero

Villa Sahores cobija en sus entrañas historia, cultura, rastros de vida, pruebas que allí hubo trabajo, lucha, esfuerzo, felicidad, tristezas, satisfacción. Pero trasciende aún más la decisión de preservación, de mantener viva la memoria. Flavio Dalpicol es el responsable de tamaña realidad, que despide aroma a pasado.

Es que su autoservicio La Nona es un viaje en el túnel del tiempo, es como tener el pasado en presente, como si el pasado estuviera vivo en una realidad diferente a aquella. Es que allí, el vecino de San Justo exhibe todo tipo de elementos que ya están en desuso, pero que en sus épocas fueron parte de la vida cotidiana de todos. "No soy un coleccionista, soy un guardador de cosas. El coleccionista se centra en determinado tema, en cambio yo como se puede observar tengo de todo un poco", reflexiona Flavio.

Este luchador contra el olvido recrea tiempos pasados a través de guardar, cuidar y exhibir desde botellas, latas, recipientes de alimentos hasta reproductores de música, pasando por una máquina de cortar fiambres antiquísima. Y todo se puede ver en su negocio de la avenida Perón y Las Palmas.

La historia arrancó con la llegada de sus padres. "En el año 49 vino desde Italia, mi padre, Marco Dalpicol, quien llegó desde la región del Véneto y en el 50 llegó mi madre", cuenta. Se afincaron en Perón y Las Palmas (4 de junio en aquel tiempo) y en 1961 arrancó con el negocio su madre. Y la primera habilitación del negocio data de 1961 bajo el expediente número 135 y partida 23.120. En el 1978 falleció su padre y dos años después su madre. "Ahí el negocio fue alquilado, porque a esa altura a mí no me gustaba y además trabajaba en la Junta Nacional de Carnes con lo cual debía viajar mucho", explica Flavio.

Pero en el 84 los inquilinos se fueron. Y allí un vecino que tenía un taller mecánico hizo que le cayera la ficha. "Me habló, me sopapeó y me hizo ver cosas que no veía. Y así arranque en el 84/85 en el mismo lugar y en 2003 nos mudamos enfrente, a la nueva dirección".

Las góndolas se cubrieron de mercadería, los pasillos de clientes y las paredes del autoservicio de Villa Sahores de recuerdos, que hoy persisten como un faro de la memoria. "Para armar todo esto necesitás que te acompañe la familia, los amigos y en mi caso también los clientes que me acercan cosas. Mis hijos, Patricia y Mauricio, me dieron una mano siempre y, por supuesto, también Luisa, mi señora", asegura y agrega: "Me gusta guardar porque es cuidar la historia, es cultura, una cultura que se mantiene viva a través de tener y exhibir cosas que hoy están en desuso".

El cuidado de la memoria se establece en un plano púbico. Es que Flavio Dalpicol no esconde nada. "Exhibo todo en el negocio para verlo todos los días y así lo que yo disfruto lo puede disfrutar el resto de la gente", afirma.