El tiempo de viaje, para los ascendentes pasa de 65 a 68 minutos, y para los descendentes, de 65 a 70 minutos. Las salidas de los primeros y últimos trenes se mantiene prácticamente sin cambios. Los domingos y feriados, en tanto, hay una reducción de servicios, ya que de 80 trenes se pasa a 70.
Los cambios más significativos se dan en los ramales diésel, con extensión del tiempo de viaje, a raíz del desmejoramiento de la infraestructura: entre Merlo y Lobos de una hora y 57 minutos se pasa a 2 horas y 13 minutos. Y entre Moreno y Mercedes, de una hora y 35 minutos se pasa a una hora y 47 minutos, para los ascendentes; los descendentes emplean una hora y 20 minutos. La diferencia obedece a que entre Luján y Mercedes se renovó durante el anterior gobierno solamente una de las dos vías.
En tanto el servicio Once-Bragado (con tres frecuencias semanales) y Once-Pehuajó (una frecuencia semanal) también incrementa en 10 minutos su tiempo de viaje.
Más allá del itinerario, los servicios de la Línea Sarmiento vienen prestándose hace meses con inconvenientes a diario: demoras, cancelaciones, trenes semirápidos no diagramados (que dejan a usuarios de intermedias como Haedo, Ramos Mejía y Ciudadela aguardando media hora el tren), a raíz de los recortes presupuestarios implementados desde el 10 de diciembre.
De hecho, a raíz de la disminución de recursos en los ramales Merlo-Lobos y Moreno-Mercedes se recortó el servicio un 30 por ciento, utilizándose en cada uno de los citados 2 formaciones en vez de las 3 que circulaban hasta diciembre.
La complicada situación no es patrimonio exclusivo de la Línea Sarmiento: en las líneas Roca, Mitre y San Martín -también operadas por la estatal Trenes Argentinos- se registran cancelaciones a diario, que se agudizaron en el último mes. Y la situación también se observa en el ramal Federico Lacroze-General Lemos de la Línea Urquiza, operado por el consorcio privado Metrovías.