De acuerdo a la tradicional costumbre se le preguntó a los asistentes las malas ondas y miserias que querían quemar en el fuego, se les facilitó papel y fibras para que escribieran allí sus intenciones y las depositaran en la pila de ramas a quemar.
Los organizadores señalaron que "pudimos recoger testimonios de vecinos que se acercaron que nacieron en el interior, en provincias como Mendoza o Entre Ríos, muy emocionados de compartir esta fiesta con sus hijos que ellos hacían en sus pueblos originarios".
Agregaron que "esta tradición -recordaron- tiene un origen pagano-religioso, pero en nuestro caso tiene que ver más con la unión intergeneracional".