El grito que se escuchará esta vez es una voz que reclama vida, que busca poner en pausa a la muerte: “Ni una menos. Basta de femicidios”. Los varones no serán ni los obstetras ni los parteros ni los médicos de ese alumbramiento. Estarán ahí también para parir Historia junto con nosotras. Los creemos fundamentales con lo que entendemos es un problema de derechos humanos.
Mientras el canibalismo sexista siga existiendo y nos sigan matando, nuestro reclamo será el mismo: queremos decidir sobre nuestros cuerpos en el más amplio de los sentidos. Queremos decir que no y ser respetadas.
Dicen que las que estamos atrás de la convocatoria somos periodistas, escritoras y activistas. Yo digo que somos las sobrevivientes del patriarcado y que caminaremos las calles con la memoria histórica de las que estuvieron antes. No somos superheroínas, no descubrimos nada. Canalizamos una demanda, un hartazgo colectivo. Este reclamo no es “punitivismo feminista”. Tampoco somos “feminazis”. Es simple: el machismo nos obliga a vivir de manera precaria, nos negamos. Creemos que es posible que nuestras vidas sean vivibles de una manera mucho más digna.
Deseamos que el fervor popular en forma de foto y cartelito sea un mensaje que el Estado y la sociedad en su conjunto atienda. Y eso se traduzca en el cumplimiento de las políticas públicas y sus presupuestos, queremos abordajes judiciales que no revictimicen más a las mujeres, niñas y adolescentes. Pero sobre todo, repito: nos queremos vivas.
Como un boomerang las violencias cotidianas de las que somos víctimas tiene la potencialidad de reunirnos en lo que creemos es una lucha política. No hay edulcorante que alcance para suavizar nuestro reclamo. No hay foto de Tinelli, video de Susana o quien sea que vacíe de contenido el espesor y la densidad de nuestras demandas. Que los machistas y misóginos diarios limpien su conciencia posando para la cámara. Que se multipliquen los post, RTs, likes, favs si el próximo miércoles ganamos las calles.
La Historia de las mujeres ya está en marcha: en los barrios, en las calles, en las universidades. Camina a paso lento a veces, apura el recorrido en otros tramos. Pero hay una realidad innegable: no puede detenerse.
* Periodista. Especializada en temas de género y violencia institucional. Redactora de Infojus Noticias. Integrante de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina (RIPVGA).