27 de octubre 2010 - 00:00
Contención y apoyo para familias de bajos recursos
La agrupación Honrar la Vida nació por la necesidad de cambiar la situación social de la gente del barrio, en la zona de William Morris. Está conformado por 8 mujeres, la mayoría catequistas de la parroquia Virgen de la Esperanza de Hurlingham que escuch
Impulsados por la necesidad de cambiar la situación social de la gente del barrio, un conjunto de mujeres catequistas de la parroquia Virgen de La Esperanza de Hurlingham creó el Grupo “Honrar la vida”, que funciona en la Casa Vida de William Morris brindando orientación y contención familiar a los habitantes de bajos recursos de la zona. “Nosotros somos un grupo de orientación familiar, tratamos de marcar los caminos que existen para solucionar problemas de alcoholismo, violencia familiar o drogadicción. Realizamos una tarea de contención social”, expresó a este medio Elisa Villarreal, integrante fundadora del grupo. “Honrar la vida” está conformado por 8 mujeres, la mayoría catequistas de la parroquia Virgen de La Esperanza de Hurlingham. Actualmente se reúnen en la calle Minoguye, entre Bustamante y Albeniz, en la Casa Vida, una construcción que pertenece al municipio de Hurlingham. “Todo comenzó en el año 2004, cuando se pone en funcionamiento el Plan Jefas y Jefes de Hogar. En ese momento se abre la parroquia para que la gente tenga un lugar donde trabajar, y empieza a funcionar la Pastoral Social. A los jefes pastorales interesados en el trabajo social del barrio, nos capacitan a través de un curso denominado “Otro mundo es posible”, junto con Cáritas, a fin de acompañar a las personas que formaban parte del plan”, explicó Villarreal.
Necesidades
“Entonces -continuó- surge el grupo “Honrar la vida”, un espacio en la parroquia donde escuchábamos las necesidades de los vecinos, y empezamos a notar que nos desbordaban los problemas de la gente”. En ese punto, la integrante de la iniciativa solidaria destacó que “a partir de ahí comenzamos a capacitarnos en el aspecto legal, en materia de violencia familiar, conocimos las instituciones que estaban trabajando en el barrio, qué se hacía desde el municipio, desde la Provincia, desde la parroquia, y fuimos armando una red”. “Cuando aparecían los problemas nosotros acompañábamos, no le resolvíamos los problemas a la gente, sino que los asesorábamos en los pasos que tenían que dar para ellos mismos empezar a resolver su situación”.