“Todos los días entregamos 250 almuerzos, los vienen a retirar cada uno con su tupper, y lo comparten en su propio techo. Nosotros queremos que la familia vuelva a recuperar su mesa, es nuestra filosofía de vida”. Con estas palabras, las autoridades del comedor comunitario Padre Agazzi de Chilavert, distrito de San Martín, expresaron su metodología de trabajo, que además se destaca por ofrecer cursos de promoción humana para una reinserción laboral. Ubicado en la Capilla San Pablo (Libertad 6401, esquina Río Negro, Chilavert) perteneciente a la Parroquia Nuestra Señora de La Merced de Villa Ballester, el comedor fue creado en plena crisis del 2001, en el medio de cuatro grandes villas de emergencia: La Rana, Corea, Cárcova y Lanzone. La institución tiene la particularidad de que todos los días, las familias necesitadas, se acercan a buscar la comida con un tupper y luego la comparten en su propia mesa, junto a sus hijos, y de este modo no se disgrega la familia. En 2006 se entregaron 36.275 almuerzos; en 2007, 44.547; en 2008, 48.702; en 2009, 45.535; y en 2010, 45.928, que hacen un total de 220.983 almuerzos. “La metodología de trabajo en el comedor se destaca por hacer los almuerzos para que se lleve la gente que lo necesita, y lo disfrute en su hogar, en familia. Todos los días entregamos 250 almuerzos, los vienen a retirar cada uno con su tupper, y lo comparten en su propio techo”, señaló a este medio, director de la institución. “Toda esa ayuda -agregó Benedetti- repartida entre 4 segmentos: padres y niños que vienen a retirarlos; aquellos que no tienen ni techo ni mesa y duermen en las estaciones de tren, ancianos y jubilados. Esto equivale aproximadamente a 100 personas asistidas diariamente”.
Promoción humana
Según se informó, la institución ofrece además “cursos de promoción humana para una reinserción laboral”, una alternativa para los que se encuentran sin trabajo y piden alimentos en el comedor. Las autoridades de Padre Agazzi manifestaron en ese sentido que una encuesta entre quienes se acercan a pedir ayuda demostró que la necesidad más apremiante es el empleo. Una vez que se instala ese problema en el núcleo familiar se desencadenan el resto de los problemas que, usualmente, son atendidos por el comedor. Al no tener ingresos, la persona ve limitada su posibilidad de acceder en forma independiente a la cobertura del resto de sus necesidades, como alimento, vivienda, salud, vestimenta y recreación. Por eso crearon un programa de capacitación en ocho disciplinas: costura, cocina, dulces y conservas, peluquería, artesanías, alfabetización, fabricación de calzado y electricidad. “Queremos darles una herramienta para que se sientan dignos y no tengan que pedir más”, afirmaron. “Eso es muy importante porque tratamos de dignificar a la persona necesitada. Queremos que llegue el momento en que no necesite venir a buscar comida y encuentra un trabajo. Los talleres comienzan el primero de julio y terminan a fines de noviembre, y se anotan alrededor de 120 personas. Los resultados son muy positivos”, subrayó Benedetti. Finalmente, el director del comedor indicó: “Nos autofinanciamos, a la parroquia no le generamos ningún gasto económico, ya que contamos con socios, amigos y bienhechores, que nos ayudan mensualmente con donaciones. En el comedor trabajan 12 voluntarios que han hecho una opción preferencial hacia los pobres y los enfermos con su tiempo y trabajo. Es algo digno de admirar”.