El párroco Juan Bravo reveló por otra parte que “días atrás se acercaron al lugar miembros del organismo provincial para el desarrollo sostenible y clausuraron una máquina que funcionaba en la fábrica. Después de ese hecho, los propietarios de dicha empresa se acercaron para hablar conmigo. Nos pidieron disculpas y sólo le pedimos que pongan en orden las cosas, que no estemos viviendo todo el tiempo con este polvillo en el aire. El argumento de ellos fue que había máquinas que no funcionaban bien y que había soluciones que no estaban a su alcance. Aparentemente, los dueños tienen la idea de trasladar la fábrica dentro de 5 meses”. No obstante, tanto el sacerdote como los vecinos dejaron en claro que “nuestro deseo nada tiene que ver con la eliminación de la fuente de trabajo y tampoco ocasionar perjuicio alguno a los trabajadores, pero sí queremos velar por la preservación del medio ambiente, la salud de nuestra familia y la integridad de nuestra propiedad”. “Solicitamos como contribuyentes que el gobierno municipal aborde a la mejor solución posible, amparados en vuestra buena voluntad y vuestros fundamentos de respeto por nuestros derechos”, concluyeron.