16 de marzo 2011 - 00:00
Un lugar donde sobra el amor y la solidaridad
El lugar congrega a chicos y mujeres con problemas.
Rincón Feliz es el nombre de una institución de Billinghurst donde todo es solidaridad, compromiso y amor. Es que allí todos los días concurren alrededor de 120 chicos y 60 mujeres con necesidades básicas insatisfechas para almorzar y merendar. En muchos casos, también se llevan viandas para la cena. El lugar lucha contra viento y marea para conseguir alimentos, y cuenta con la ayuda del sacerdote Manuel Acuña, que en cada misa recibe comida y vestimenta que son destinados al hogar. “Nuestra iglesia tiene el objetivo de acercarse a la sociedad, aun más a todos aquellos que tienen necesidades. En Rincón Feliz se hace honor al nombre de la institución, porque se trabaja justamente para que los chicos vivan con alegría y dignidad. Desde nuestro espacio acompañamos la lucha de todos los que allí trabajan diariamente para que no falte el pan”, dijo a este medio el padre Acuña. La relación entre el religioso y Noemí Vallejos, directora del rincón -ubicado en la calle Pringles 3946-, comentó el año pasado, cuando se concretó el contacto y empezaron a transitar el mismo camino de solidaridad. “Todos hacemos un gran esfuerzo. Es de todos los días, pero los chicos tienen que tener su plato de comida, sin falta, todos los mediodías. Por eso, en cada una de nuestras misas pedimos a los amigos que acerquen cualquier ayuda, que será bienvenida en el hogar”, contó Acuña.
Manos y corazones
Carlos, colaborador del padre Acuña, también trabaja de manera incansable para que nada falte en el hogar. “Hacemos de todo. Hace poco, conseguimos las perillas de la cocina industrial que usan en el lugar. Parece algo simple, pero fue muy importante para las encargadas de la cocina, porque tenían que usar trapos. Ahora, por suerte, pudieron comprar otra cocina grande”, explicó. En el hogar se desempeñan muchas personas, pero el plantel fijo es de siete mujeres, que se dividen en grupos para atender a los concurrentes del mediodía y los de la tarde. “No hacen otra cosa que seguir el ejemplo de Jesús, de dar todo sin pensar en recibir nada a cambio. Son mujeres que ofrecen amor, que tienden sus manos y corazones. Sería hermoso que su ejemplo se conozca y sea imitado. En nuestra iglesia estamos orgullosos de ser parte de este proyecto”, dijo el padre Acuña. Como se dijo, diariamente concurren al espacio unas 180 personas, entre chiquitos y adultos. “Son nenes y madres jóvenes, que necesitan de ayuda. Es impactante verlos al mediodía cuando están juntos en el comedor. En este espacio se controla mucho qué hace cada uno, entonces también es importante para hacer el seguimiento en la escuela de cada nene o qué necesidades especiales están teniendo los grupos familiares. Así, cuando surge algo urgente se trata de resolverlo entre todos”, indicó Acuña.
Una tarea conjunta
“Hace falta mucho compromiso en el país para que ningún chiquito se quede afuera del camino. Tenemos que estar juntos en esta tarea. Por eso, en la iglesia ponemos la proa en estos temas. También estamos ayudando a otros dos comedores de la zona, uno de ellos destinado exclusivamente a la atención de bebés. Hay un gran trabajo solidario que no tiene mucha difusión, y que merece atención y ayuda. Nuestra gente responde de la mejor forma al pedido, y siempre estamos llevando cosas para el hogar”, contó el padre Acuña. Entre los últimos logros, que aparecen de manera permanente, Acuña destacó que “conseguimos que un taller mecánico nos brinde asistencia técnica gratuita para las camionetas que llevan las cositas. Hace poco, en una misa un empresario que prepara desayunos se acercó y comenzó a donar cajas con galletitas para los chicos. Todo suma, porque mantener esta obra es difícil. No se puede aflojar”, dijo Acuña.