Citando como fuente a Claudio Izaguirre, de la Asociación Antidrogas de la República Argentina, el informe sostenía que el cartel de "El Chapo" llegó en principio a la provincia de Chaco en 2007 y tenía como objetivo poner en funcionamiento la Iglesia Evangélica del Nuevo Milenio.
Se afirma también que las agencias gubernamentales que luchan contra el narcotráfico observaron el ingreso del cartel de Sinaloa por la misma época, pero se hicieron visibles con el sangriento escándalo del tráfico de efedrina de la mano del triple crimen de General Rodríguez.
Resulta clave en los movimientos de los grupos mafiosos un reporte emitido por la Secretaría de la Defensa nacional de México entregado en octubre de 2010 a los diputados de la LXI Legislatura, asegurando que fue a principios de 2003 cuando los carteles mexicanos redimensionaron su papel para fortalecer su participación e influencia en los países de centro y Sudamérica,
reforzando su presencia en Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Centroamérica para la producción de cocaína, y a partir de 2007 se trasladaron a nuestro país para la producción de efedrina, precursora de las así llamadas drogas sintéticas.
Buscaglia sostenía que no se podía descartar que utilizaran las estructuras religiosas para lavar dinero y consideraba que las organizaciones criminales las utilizan para ganarse el favor de la gente y así garantizar su propia seguridad.
"La situación de penetración es con fines típicos que todo grupo criminal tiene para poder protegerse socialmente en determinadas áreas. A veces lo hacen a través de la Iglesia católica y en otras ocasiones utilizan a las asociaciones evangélicas protestantes", explicó.