"Era justo la balanza que se encontraba en la punta opuesta a donde me estaba despachando. Me dijo que pesaba 3 kilos y en total el valor a cobrar era de 135 pesos", dijo el hombre, que sospechó apenas recibió la carne. El hombre decidió pesar su compra en otro comercio. "Entré a una verdulería y a una pollería y en ambos locales al pesar la carne, la balanza decía 1,900 kg", relató el hombre, quien regresó a la carnicería para hacer el reclamo.
En ese momento, el cajero fue quien entró en escena y preguntó a los carniceros "en que balanza habían pesado la mercadería". Cuando le señalaron la balanza utilizada, el cajero mencionó que la utilizada no era la correcta. Había tres, y en las tres el producto pesaba diferente. "Fue donde me reconocieron el error y me devolvieron 50 pesos", contó Juan.
"Pienso en la cantidad de personas, en los abuelos en la gente que junta las monedas para la compra del día, en mis viejos, y en todos los que estafaron con el cuento ese. Ellos van a seguir trabajando con sus tres balanzas, pero necesito que todo el pueblo se entere para que estén con los ojos abiertos", dijo el denunciante.
Yolanda Durán, presidenta de la Cámara Empresarial para el Desarrollo Argentino y Países del Sudeste Asiático, señaló sobre la modalidad que "no se puede descartar que comerciantes cometan este tipo de avivadas, que perjudican directamente a los consumidores", aunque resaltó que "en muchos casos, los propietarios de negocios de barrio compran las balanzas de buena fe y resulta que están mal calibradas".
También precisó que "lo que hizo el señor, de denunciar a la carnicería, es lo que debemos realizar siempre que hay abusos", para lo cual recomendó "dirigirse a la subsecretaría de Defensa del Consumidor o a la Secretaría de Comercio, que son espacios serios que pueden motorizar controles inmediatamente".
Equipos que se manipulan fácil
Un vendedor de balanzas reveló que muchas de las balanzas que se venden en el mercado son ingresadas ilegalmente al país por las fronteras, eludiendo todos los controles. "Son de origen chino, y las venden por menos de la mitad de precio. En China se consiguen por 15 dólares, y acá las venden por Internet o directamente en los negocios, por 400 o 500 pesos. Hay que decir que estos equipos son fácilmente manipulables", dijo el vendedor.
"Este tráfico de balanzas electrónicas chinas, además, está generando un enorme problema a los fabricantes y vendedores argentinos. Una balanza homologada por el INTI, fabricada acá, tiene un costo promedio de 1.000 pesos. No se puede competir. Y están inundando el mercado, con el agravante de que su funcionamiento es fácilmente adulterable", dijo el comerciante, absolutamente angustiado.
Un caso que terminó en multa
El año pasado, un municipio del Gran Buenos Aires multó con 52 mil pesos a un comerciante por adulterar las balanzas y así estafar en su buena fe a los consumidores que adquirían el producto pagando por un peso que la compra no tenía. Ocurrió en Pilar y el blanco de la multa fue el propietario de una carnicería.
La sanción recayó sobre un local ubicado sobre la calle Tucumán luego que un operativo de Defensa del Consumidor municipal detectara dos básculas adulteradas: una estaba pasada un 10% y otra un 7,5%, por lo que por cada kilo de carne las balanzas marcaban 1,100 y 1,075 kilos. Traducido: el cliente pagaba por un kilo de mercadería cuando en realidad se llevaba 900 y 925 gramos, según la pesa utilizada al momento de la transacción.
En aquella ocasión, Sebastián Zamarripa, titular del organismo, indicó que "a esas dos balanzas se las inutilizó con la colocación de precintos y se obligó a que las calibraran o las sacaran. El comercio las cambió por otras y se verificó que funcionaran correctamente".
Al fundamentar la magnitud de la sanción, Zamarripa advierte que "no es una conducta solamente negligente, sino que acá hubo una deliberada intención de utilizar una balanza que marcaba un pesaje superior al que corresponde. Hubo una intención de generarse un beneficio. Creo que este tipo de conductas hasta rozan lo delictual".