El siguiente destino fue el
aserradero. Vecinos asustados juraron ante Dios haber visto a los prófugos. Uno de los hombres que más insistía en haberse cruzado a Lanatta y Schillaci explicaba su teoría, mientras revoleaba la escopeta que, decía, era para cuidar a su familia.
El operativo aserradero se llevó adelante. Atemorizados, pero curiosos, los vecinos corrían detrás de los objetivos. En el medio, el Presidente Comunal, Luciano Bertocci, pedía por favor que se protegieran en sus casas. Nadie les hizo caso, hasta que sonaron los disparos. Hubo momentos de máxima tensión y una falsa alarma: la maderera estaba vacía. Lanatta y Schillaci siguieron sin aparecer.
Crédito foto: Federico Lamas / DIARIO POPULAR.