Tampoco en esta oportunidad hubo canción para Scioli. Ni siquiera el "himno" que le escribió su amigo Ricardo Montaner se escuchó completo. Sí se pudo oír "Resistiré", ni bien el candidato del FPV terminó su discurso.
Dos horas después, las sonrisas mutaron en muecas, el desconcierto le ganó a la euforia y hasta los hombres de negro y micrófono-vincha cuchicheaban sobre lo impensado.
La monstruosa ola naranja era ahora apenas una ondita que se escabullía por los pasillos del Luna, miles de gotas que se esparcían puertas afuera, por el Bajo porteño. Cabezas gachas, como las de los hinchas que se retiran de un estadio después de una derrota impensada... y de local.
En el final, la chica del saquito naranja debe haberse encontrado con la persona que la buscaba. En el final, casi nada era naranja.