El desborde del Maldonado provocó un oleaje de dos metros de agua servida sobre las calles de Villa Elvira. Gladys ayer señaló con su índice la marca de agua que rozaba el techo de su vivienda. "Estamos a la buena de Dios. No aparece nadie. Hoy vino un camión pero estacionó a varias cuadras y la entrega de alimentos fue desorganizada. Falta agua potable y cloro para desinfectar", exclamó y recordó que frente a su vivienda pereció ahogado Enrique Monzón (52), una de las primeras víctimas fatales que ocasionó el temporal en Villa Elvira.
Los habitantes coincidieron en que los fallecidos a causa de la lluvia y el desborde del Maldonado superan las cifras reconocidas por la estadística oficial. "Sólo sobre la calle 92 murieron cuatro personas. Pero sabemos que en las casillas ubicadas a la vera del arroyo muchas familias fueron arrasadas y también se informaron otros fallecidos a varias cuadras de acá", completó Gladys.
Gritos desgarradores
En medio del descontrol y el temor por el ingreso irrefrenable del agua, muchos vecinos escucharon desde la calle gritos desesperados. "¡Auxilio, me ahogo! fue uno de los gritos que llegaban a casa. Es que muchas personas fueron arrastradas por la corriente", apuntó Omar mientras secaba unas sillas en el frente de su casa.
Ayer por la tarde efectivos del Ejército argentino y del escuadrón de Bomberos rastrillaban el lecho del arroyo en busca de más víctimas.
En medio de la tristeza y la destrucción, también hubo lugar para historias conmovedoras entre vecinos. Durante la madrugada del miércoles Julia no pudo reaccionar ante el ingreso del agua a su humilde vivienda; logró sostenerse sobre un colchón y, debido al nivel del agua, su cabeza apenas rozaba el techo. Con todas sus fuerzas, pidió auxilió y la escuchó Rubén, que vive a unos metros de allí. "Cuando llegué Julia apenas podía respirar, parecía que estaba en una pecera. Fue así que decidí romper la puerta y logré sacarla. Con la ayuda de otros familiares, pudimos llegar hasta la terraza de mi casa y enseguida la cubrimos con una manta porque estaba helada", relató a este diario el sorprendente héroe.
La solidaridad también se puso de manifiesto en la labor de los comedores populares de la zona. Gabriela, al frente de uno de estos establecimientos, reclamó la entrega de alimentos y agua potable "al comedor que tenemos en 115 entre 95 y 96. Cada vez viene más gente que pide para comer y no tenemos qué darle. Nosotros la noche de la tormenta ayudamos a los viejitos de un geriátrico que casi mueren ahogados. La verdad, faltó ayuda oficial durante la emergencia