Reacciones de violencia e intolerancia suelen ser las que deben enfrentar los bomberos voluntarios de Quilmes cuando llegan a los incendios y son recibidos con insultos y agresiones hasta físicas. Las ocasiones en las que los bomberos afrontan respuestas hostiles por parte de la comunidad cuando acuden a socorrer un siniestro son cada vez más comunes y los voluntarios aseguraron que es indistinta la zona o sector social de donde provienen. Si bien indicaron que hay barrios en los que, mientras se dirigen al lugar, piden custodia a la policía para que les brinden protección, son muchas las oportunidades en las que no les queda más alternativa que solo defenderse de las demostraciones de ingratitud. El jefe de Bomberos de Quilmes, Alejandro Pascual, indicó a este medio al respecto que “son situaciones a la que nos enfrentamos eventualmente y que poco tiene que ver con el tipo de barrio o nivel social en donde se registró el incendio. Hay zonas en las que siempre entramos con una custodia policial, pero hay otros lugares en los que vamos pensando en que todo estará bien y nos encontramos con agresiones e insultos”. Pascual comentó que “suelen hacernos responsables a nosotros de lo que afectan las llamas. Somos los primeros en llegar y son momentos desesperantes, en los que las personas suelen estar desesperadas y llegamos nosotros y ahí descargan todo su malestar. Sumado a que en este tiempo, la sociedad está bastante agresiva, intolerante, malhumorada”. Los cuestionamientos que suelen enfrentar los bomberos al llegar a los incendios están relacionados con el tiempo que demoró la autobomba en arribar a la zona del siniestro. “Sin embargo, pese a que algunas veces las críticas apuntan a que llegamos tarde, el servicio ha mejorado muchísimo, se han hecho muchos destacamentos en los últimos años que cubren casi todo el distrito. Además hay equipamiento, hay personal, el servicio que se presta es prestigioso y también elogiado”. El pasado sábado 27 de noviembre, los bomberos de Bernal acudieron a apagar un incendio registrado en Rodolfo López y 394. Las llamas se habían apoderado de una vivienda del barrio La Cañada durante la madrugada y al llegar las cuatro dotaciones de voluntarios fueron recibidos con insultos y agresiones. Entonces los socorristas denunciaron que, mientras el fuego consumía una de las habitaciones y se expandía hacia el resto de la vivienda, vecinos alcoholizados bloqueaban el acceso a la vivienda y dificultaban su accionar. Además, desde el cuartel indicaron que el tiempo entre la llamada y su presencia en el lugar fue mínimo, pero que habían recibido la comunicación ya cuando el fuego se había propagado considerablemente. En el incendio falleció una beba de 7 meses. “Hay situaciones en las que llegamos a un lugar y nos quieren matar. Además, se trata de incendios en las que hay que lamentar personas lesionadas o que perdieron la muerte. En ese caso se trataba de un bebé y las personas estaban muy conmovidas, afectadas y se descargaron con los bomberos”, indicó Pascual.