Una obra inconclusa sobre la calle Andrés Baranda, en Quilmes Oeste, tiene a maltraer a los vecinos de la zona, que aseguran que “desde hace dos meses el municipio abandonó los trabajos de pavimentación” y, por este motivo, padecen problemas para circular por el barrio, ya que “se inunda, se llena de barro y ni siquiera pasa el recolector de basura”. Además, se incrementaron los hechos de inseguridad debido a que “se reúnen bandas de adolescentes muy peligrosos detrás de una montículo de tierra y obligan a los vecinos a que les den algo cuando pasan por ahí”. La obra de asfaltos se extiende sobre diez cuadras de Andrés Baranda, entre Laprida y Smith. Sin embargo, la arteria más crítica de todas es la que está a la altura de 3.800, entre Esquiú y 332 Bis. “Casi todas las cuadras ya están asfaltadas y sólo les faltan los cordones y otros detalles. Pero la cuadra de mi casa la dejaron con un inmenso pozo y bloqueada con dos montículos de tierra en cada esquina que complica todo”, manifestó Romina Colombini, una de las vecinas más afectadas. “Al igual que mi marido y yo, otros vecinos también llamaron a la municipalidad de Quilmes para reclamar, pero nadie consigue que esto se solucione”, sostuvo Colombini. Asimismo, la vecina describió: “Tengo que caminar dos cuadras hasta la avenida cuando necesito sacar la basura, pero algunos vecinos dejan las bolsas en la puerta y la acumulación de residuos en el barrio deja una suciedad y un olor insoportable”. “Cuando llueve es imposible caminar porque se transforman las calles y las veredas en un barrial. Acá en la esquina (Baranda y Esquiú) rompieron caños de agua con las máquinas y hay que dar la vuelta a la manzana para pasar”, se quejó la mujer.
Inseguridad
Carlos Perdomo, otro de los vecinos preocupados, enfatizó sobre la problemática de inseguridad que, según explicó, “empeoró desde que se inició la obra porque la zona quedó aislada, oscura y sin control de los patrulleros”. “Se juntan barras cuando empieza a oscurecer. Yo los veo que se quedan fumando y tomando droga, consumiendo alcohol y otras sustancias justo donde está el pozo y la montaña de tierra”, describió. Y, luego, añadió: “Casi siempre, después de las 9 de la noche le exigen plata a los que pasan por ahí, los que vuelven de trabajar y, por sobre todo, a los más viejos. A nosotros no nos queda otra opción que darles algo; te intimidan, no te piden que los ayudes”.