El salvaje violador, enterado de la denuncia en su contra, decidió dejar su hogar y no frecuentó más
las viviendas de familiares y amigos. Esa ausencia posibilitó que sus propios hijos confesaran que también habían sido sometidos.
Posteriormente, los uniformados organizaron una investigación mediante operaciones encubiertas, en la que agentes simulaban ser habitantes del lugar; hasta que lograron dar con el prófugo, quien había cambiado de nombre y apellido.
La causa judicial quedó a cargo de la doctora Rosana Valeria Meyer.