Esperas, embotellamientos indescifrables, marchas a paso de hombre por kilómetros y un concierto de bocinazos que remite a la Capital o La Plata, o simplemente para unir Berazategui con Quilmes o Bernal, es el panorama habitual en la Autopista La Plata-Buenos Aires. Inclusive, hay vehículos que convierten las banquinas en improvisados carriles adicionales, y camiones con acoplado que parecen infinitos y se encadenan uno tras otro. En las horas pico, aseguran los especialistas, se quejan los usuarios -y lo admite su concesionario-, la autopista entre las capitales está comenzando a “quedar chica” para su enorme flujo automotor.
Los momentos críticos se registran entre las 7 y las 9 y de 18 a 20. Desde Coviares, la firma que explota la autovía, se atribuye el fenómeno al “crecimiento del parque automotor”, las “deficiencias en el transporte público” y “el bajo costo comparativo del peaje”. En otra vereda, usuarios, representantes de instituciones y Organizaciones No Gubernamentales de defensa de los consumidores sostienen que “faltan obras”, especialmente en el tramo entre Berazategui y Dock Sud.
“Ante todo, de ninguna manera el peaje puede considerarse barato”, se señaló desde la Comisión Nacional de Defensa del Usuario Vial (CONADUV). “La concesionaria no puede quejarse de eso cuando cobró en forma adelantada la tarifa plena por una autopista a la que le faltaba un tramo importante, y aún hoy está incompleta”, se acotó.