17 de enero 2011 - 00:00
El agotador Rally Dakar visto por las familias quilmeñas
Luciano Gagliardi estuvo cerca de sus padres en la aventura.
Los familiares de los argentinos que compiten en el Dakar corrieron su propio rally dentro de la gran competencia mundial a nivel de deporte motor y por ello algunos acompañan a los quilmeños Marcelo Santos (motos), Nicolás Mangiantini y Luciano Gagliardi (quads) en esta aventura donde la mente es el factor fundamental para dominar el gran desgaste físico y de los vehículos que deben afrontar los pilotos. En el caso de Luciano Gagliardi, fue acompañado por sus padres, Alfonso y Yolanda, así como también su hermano Gabriel quien estuvo en la asistencia del equipo. Gagliardi se mantuvo tranquilo y transitó las etapas del Dakar como si fuese un ídolo nacional, ya que en cada etapa la gente lo saludó y lo adoró como a un ídolo, en un momento se golpeó un hombro y se retrasó unos kilómetros, aunque el funcionamiento del cuatriciclo fue óptimo, preparado por el AGO Rally Raid Team. “Estamos muy emocionados de acompañarlo y realmente para mi como madre el miedo a veces me gana porque no queremos que nuestros hijos se lastimen. El sale muy temprano y cuando llega a donde estamos nosotros siempre nos saluda y allí se desata el lío de gente. Es impresionante que los espectadores de cada etapa hacen cola para sacarse fotos con él, y con los otros pilotos. Una locura en todas partes. Hace 6 meses ni nos hubiésemos imaginado todo esto, pero mi hijo se lo ganó solito, todo este reconocimiento”, contó a EL QUILMEÑO Yolanda, la madre de Luciano Gagliardi.
LAS SENSACIONES
En diálogo con este medio, algunos de los familiares directos de ambos pilotos explicaron sus sensaciones de vivir el Dakar lejos de sus esposos, hermanos e hijos que allí compitieron. En el caso de Marcelo Santos, su hermano gemelo lo siguió a sol y a sombra en cada etapa durante el recorrido, mientras que su padre sólo participó de las tres primeras. En Quilmes estuvo su esposa, Romina, y sus hijos de 6 y 8 años, quienes aguardaron ansiosos la llegada de Santos a Buenos Aires con todo el kilometraje cumplido. “Hablé todos los días con Marcelo al final de cada etapa y me contó que esta viviendo el sueño de su vida, y que el físico le está respondiendo de manera excelente y que en ningún momento se descompuso ni aflojó. Me sorprende lo bien que respondió al clima frío que debió aguantar en Arica y en Iquique. Realmente es un mérito y nos conformamos con que llegue a la meta sea en la posición que sea. Por otra parte, es impresionante el cariño que le da la gente en cada punto de paso y en los vivac, es más, la gente le tira los bebés en brazos para sacarse fotos con él, le pide autógrafos. Lo hacen sentir como si fuese una estrella de rock. Y mis hijos están re orgullosos de su papa y le dicen a todo el mundo que su papa está corriendo el Dakar, como por ejemplo un día cuando pasamos por un kiosco a comprar caramelos y mis hijos le dijeron al comerciante que Marcelo estaba corriendo el Dakar en Motos. Realmente se nos pone la piel de gallina. Mis nenes lo graban con la camarita cuando sale en la tele y también recortan cada nota cuando mi esposo sale en el diario. Marce casi se queda afuera del Dakar en la etapa 4, cuando se quedó sin nafta y un competidor de autos le brindó de la suya y así pudo seguir, el Dakar es muy solidario”, dijo Romina, la esposa de Marcelo Santos, quien estuvo junto a Pablo Rodríguez en el exitoso equipo de Javier Pizzolito, el mejor argentino hasta el momento. Por su parte, Agustina, la novia de Nicolás Mangiantini, fue quien sigue las alternativas del berazateguense desde Buenos Aires. Los únicos familiares que viajaron para alentar al blondo piloto de 22 años fueron su padre Julio y su hermano, sumado a su primo Diego. “Nico estuvo muy tranquilo y a pesar de que volcó en uno de los tramos me dijo que estuvo muy contento y que quería seguir en carrera. Fue duro y lo re apoyamos, porque tiene un gran equipo de asistencia detrás”, señaló.