Desde allí, Colón fue el mandamás de las acciones. Fue, buscó, intentó y generó el peligro que Quilmes le permitió. El eje de los ataques fue Iván Moreno y Fabianessi. Fue el español el que probó los reflejos de Emanuel Trípodi en un par de ocasiones. En primera instancia con un potente disparo tras un centro desde la izquierda que el portero contuvo en dos tiempos; y al rato con un cabezazo débil que cambió la trayectoria de la pelota luego de un nuevo envío del costado y que el guardavalla despejó con solvencia.
No fue lo único de los santafesinos. Otro que desperdició su oportunidad fue Emanuel Gigliotti, también por duplicado: a la media hora con un cabezazo sin fuerza ni dirección cuando estaba solo frente a un arco despejado; y después a falta de cinco minutos para el cierre cuando punteó la pelota ante la salida de Trípodi y cuando el gol era inevitable apareció fugazmente Goñi para evitar el empate.
El defensor no sólo desvaneció las ilusiones de Colón en el fondo, sino también adelante. Es que antes del pitazo final y el descanso en los vestuarios, un testazo fuerte rompió el travesaño y se metió al arco.
El segundo tiempo se dividió en dos. Los diez minutos iniciales fue con un Sabalero aguerrido, con mucha fuerza de voluntad e ideas pero con una alarmante ausencia de creatividad para destruir la barrera que le proponía el local.
Quilmes, por su parte, que en un comienzo se retrasó buscando sacar rédito del contragolpe, fue creciendo en el terreno con el correr de los minutos a partir de la impotencia del rival, que veía cómo desperdiciaba sus chances acumuladas. El Cervecero, además, era práctico.
Con inteligencia en el mediocampo y firmeza en el fondo, al dueño de casa sólo le faltaba tranquilidad en ataque, claridad para aumentar la cuenta. Y si bien no lo logró, lo cierto es que mostró un rendimiento superlativo, de los mejores en el campeonato, quizás comparado con la goleada a Boca del comienzo del certamen.
Y De Felippe optó por oxigenar al equipo con los ingresos de Fernando Elizari y Cristian Insaurralde, dos jóvenes baluartes, de enorme futuro, que tocaron la pelota con delicadeza e hicieron delirar a los hinchas.
Desde la otra punta, Trípodi tapaba todo. Hasta que ese todo se transformó. Un rebote en Goñi terminó en la red y el descuento del rojo y negro ensombreció al Decano. Lo llenó de presiones. Por eso no extrañó que a los pocos segundos, ya con el transcurrir del tiempo recuperado, Gigliotti empatara tras un largo rebote del arquero. Sí, 2 a 2. Algo que era una fiesta se pasó por agua, se anuló en un abrir y cerrar de ojos y boca; y lo que se presumía un futuro promisorio se convirtió en una tarde en presente absolutamente negra.