Una señora, al igual que su hija, fueron víctimas de esta práctica en dos lugares distintos y en diferentes horarios. Al comentar lo sucedido en el vecindario, se enteraron que había otras mujeres que habían sufrido lo mismo. "Primero le tocó a mi hija, cuando iba caminado con una amiga a tomar el colectivo a las 10 de la mañana. Tuvieron que saltar para que no les pise los pies. Ella se puso a llorar y gritar, hizo fuerza y no pudieron sacarle la cartera", detalló Celia Ríos, quien -luego- añadió: "Unos días después, yo volvía de noche a casa, cerca de las 21, cuando el mismo auto me chocó de atrás y un muchacho me sacó mi bolso. Todavía me duele la pierna del golpe, estoy caminando renga porque me quedó una fuerte raspadura".