19 de julio 2011 - 00:00
Especialista informó sobre alcance de radiaciones
Doctor en Biología dio a conocer cómo en otras partes del mundo se restringen los niveles de campos magnéticos para proteger la salud de la población. Asistieron vecinos que se oponen a subestaciones.
Se llevó adelante en Ezpeleta un jornada sobre “Electromagnetismo y la Salud Humana”, que convocó a casi 500 personas quienes se mostraron sumamente interesadas en la charla debate que encabezó Raúl Montenegro, doctor en Biología y titular de la Cátedra de Biología Evolutiva de la Universidad de Córdoba. Si bien hubo una fuerte presencia de vecinos de los alrededores de la Subestación Rigolleau, también estaban presentes en el auditorio del Colegio Ameghino varias organizaciones sociales, y personas afectadas por las subestaciones Sobral de Ezpeleta, Wilde, Ezeiza e Ituzaingó. En este sentido, el orador principal del encuentro y especialista en cómo el electromagnetismo afecta la vida de las personas que están expuestas a él, enfatizó la idea de que “la única forma de lograr cambios es agrupando distintas personas, que se asocie la gente que pelea en la calle, que se asocie la gente que trabaja en los laboratorios, las personas que trabajan en las organizaciones no gubernamentales” destacando que “la gente de Sobral, de Wilde, de Ezeiza construyeron puentes fantásticos y desde hace un tiempo vienen trabajando y consiguiendo cosas”. En este sentido, el doctor Montenegro explicó los efectos comprobados que genera en las personas el hallarse expuestos en forma crónica a los campos magnéticos: “1,6 ut: abortos tempranos; 1,2 ut: depresión, bajante de la acción antioncogénica (anticancerosa); 0,3 ut: leucemia infantil”. Si bien parecen datos irrelevantes ante el desconocimiento que generan estas medidas de unidad, lo cierto es que al explicar las normas vigentes en distintos lugares del mundo se vuelven más claras esas explicaciones: “En cuanto a los niveles permitidos de campos magnéticos para proteger la salud: en Suiza (1999) se permiten 1 ut; en Veneto, Verona y Toscana, Italia (2000) 0,2 ut; en Queensland, Australia, (2002) 0,4 ut; mientras que en Argentina (1998) se permiten 25 ut”.
“Una aberración”
En este sentido, Montenegro aseguró que en Argentina “no tenemos limites máximos de exposición para proteger la salud de las personas de los campos magnéticos. Sólo tenemos un límite máximo de estándar ambiental, no como estándar sanitario, de 25 ut, que es una barbaridad”. Destacó que “la resolución 77/78 del Enre, emitida por un ente sin autoridad científica para hablar de la salud, es una verdadera aberración”.