Incertidumbre, preocupación y todo tipo de necesidades básicas es lo que manifiestan los cientos de personas asentadas en el predio perteneciente al Frigorífico Penta, en Bernal Oeste, mientras empresarios descartan la posibilidad que el terreno sea puesto en venta y señalan que es el Estado quien debe dar respuesta a las demandas sociales. “Acá somos todas familias, hay mujeres embarazadas y chicos que están bajo el rayo del sol, enfermándose en esta pelea por tener acceso a un techo”, aseguró Maribel, una de las mujeres que desde el martes pasado se encuentra ocupando un pequeño terreno perteneciente al Frigorífico Penta, uno de los seis predios ocupados en la última semana por cientos de familias en el distrito quilmeño. El caso de Maribel es uno de los tantos ejemplos de cómo con bajos salarios se hace difícil poder garantizarle educación, alimentos y vivienda a una familia. Con sus 26 años, ella es madre de un nene de 9 años, vive con su marido y entre el sueldo de los dos apenas llegaban a los 3000 pesos. Hace una semana, Maribel decidió abandonar su trabajo, tomar todas sus pertenencias de la habitación que alquilaba e instalarse con su hijo en una de las parcelas que se delimitaron en el terreno sobre Lamadrid, donde el frigorífico Penta contiene los piletones para el tratamiento de fluidos. “La decisión no fue fácil. Todos los que estamos acá es porque realmente no tenemos otro lugar donde ir. Con mi marido decidimos que él siga trabajando y que yo me quede en la ocupación, porque si uno de los dos no está perdemos el terreno. Todas las familias que estamos acá estamos dispuestas a resistir porque queremos pelear para que con los sueldos que tenemos podamos pagar nuestro techo y darle de comer a nuestras familias. Hoy con lo que tenemos a fin de mes no nos alcanza para nada”, indicó la Maribel.
Conflictos
Entre el predio del Frigorífico Penta y el lindero, que se encuentra en Lamadrid y el arroyo, se instalaron unas 600 familias y siguen llegando cada vez más. “Tenemos que estar atentos y evitar que sigan entrando. Al hacerse conocida la ocupación, empezaron a llegar de todos lados y eso provoca serios problemas y conflictos”. Las condiciones en las que transcurren los días de los cientos de ocupantes del frigorífico Penta son infrahumanas. Las altas temperaturas no les dan respiro y provoca que además de deshidratación y golpes de calor, todo tipo de insectos, roedores y hasta serpientes se encuentren en el terreno. “Las noches son durísimas, porque no tenemos ni siquiera luz y estamos muchos durmiendo a la intemperie. Acá algunos tienen carpas, otros colocaron chapas y muchos están durmiendo sobre colchones o lonas. Tampoco estamos teniendo agua y nos vamos ayudando con el tema de la comida, porque hay personas que no tienen nada”, indicó Maribel.