Tras competir la temporada pasada en los Fiat 600 Light, donde ingresó con el número 53 al que redujo al 25, el piloto quilmeño Hernán García Cabral se sumó en 2011 a los Fiat 600 Lanús, categoría que el fin de semana pasado inició su temporada en el autódromo Roberto José Mouras de La Plata. “Ya arrancamos y ahora estamos tratando de ver qué podemos llegar a lograr este año. En realidad comenzamos el sábado medio complicados porque al salir por primera vez a tomar contacto con el auto y el circuito se nos fue arriba la temperatura y se sopló la junta de tapa de cilindros. Volvimos al taller para reparar a los efectos de poder estar en pista el domingo pero se nos volvió a disparar la temperatura y en la clasificación previa sólo pudimos girar dos vueltas. La serie la debimos largar desde el último lugar y pude remontar hasta el séptimo puesto. La final la largamos desde el puesto catorce y llegamos 13º. La idea era finalizar más adelante y de última poder llegar”, indicó. Le manifestamos que sobre 21 autos que intervinieron, con todos los inconvenientes que tuvieron no está nada mal y al respecto señaló: “En esta categorías nos encontramos con pilotos muy experimentados y muy buenos autos. En el banco de pruebas, probamos dos motores. El primero era el mío, se le puso todo lo mejor y en el segundo nos encontramos con el cigüeñal rayado y así y todo mi compañero de equipo Leonardo Gil pudo ganar la carrera de punta a punta”. “Los motores de Pedro van muy rápidos y además llevan mucho tiempo en estas competencias, además Leo maneja muy bien. Estas son cosas que pasan en el automovilismo, incluso en las mejores categorías nacionales. Cuando llegan los buenos arribos, se olvidan los malos momentos. Los fierros son ingratos”, agregó. “Quiero agradecer a toda la familia Gil; a Pedro que me armó un motor espectacular como quedó demostrado en las primeras vueltas. Todos estos inconvenientes fueron motivados por una fisura en el radiador. A Leo por todo lo que hace en el chasis y alineación; a Luciano, que era el piloto de este auto que ahora es mío, por los datos que me pasó; a Juan por su trabajo en el ploteado hasta el viernes a las 2 de la mañana; en suma a toda esta familia que sólo merece mi mayor reconocimiento; también a mi padre que está siempre a mi lado; a la gente que me auspicia y a todo mi grupo familiar. Hay un 33 por ciento del auto, otro 33 del piloto y un 33 es suerte, que esta vez nos faltó”, concluyó.