A diferencia de otros acreedores y personas vinculadas con Quilmes, El Indio sólo busca un lugar y pretende "seguir aportando al club" desde un lugar donde pueda sentirse útil. Además, el ídolo que estampó su nombre en una de las tribunas del Estadio Centenario, se siente contrariado porque siente que con su reclamo puede caer mal en el club. En este mismo sentido, Gómez manifestó: "Me están haciendo hacer cosas que no me gustan, como hablar con abogados, con el gremio. Y yo no quiero hacerle daño al club que amo".
A pesar de que aún guarda cierta incertidumbre sobre su futuro en la institución, este manifestó: "Yo no voy a renunciar porque es el club que amo. Siento que se metieron a mi casa y me quieren echar. Pero yo no quiero ser una molestia para nadie. Soy un tipo grande y estas pelotudeces me molestan, nada más"
No logra encontrar su lugar
La controversial situación no se acota a lo económico, sino que en el plano profesional también vio alterada su participación en la vida diaria de Quilmes. Con el cambio de gestión, Gómez quedó con una función desdibujada respecto del lugar que tenía con la dirigencia de José Luis y Andrés Meiszner. Al respecto, explicó: "Soy empleado del club y no me asignaron ninguna función. Armaron una mesa con los técnicos y yo era coordinador. Yo estaba para buscar jugadores. Se acerca gente para verme porque te traen pibes. Cuando dejé de dirigir a la Reserva, mi función fue captar juveniles. Yo estaba tranquilo. No teníamos otro trabajo definido".
Más allá de su situación laboral, la gloria del Decano relató: "Yo sigo yendo al predio y constantemente trabajamos para el club. Los fines de semana recorro para ver jugadores. Así me pasó con Enzo Acosta. Por suerte el pibito creyó en nosotros y hoy está en Primera. No se le reclama nada".
Su antigua función de entrenador de la Reserva ahora la desempeña Leonardo Lemos, sobre quien aseguró: "No hay una relación estrecha con Lemos. Son pibes especiales. Yo a veces le llevo pibes que juegan bien y siempre buscan un pero".