Reclamo eterno
A pesar de sus años, Gregoria Salinas no se rinde. “Tengo 72 años y hace 58 que vengo reclamando que nos asfalten las ocho calles del barrio. La gente me dice que me olvide, pero no me quiero morir sin ver al vecindario pavimentado, esto es por lo que yo peleo”, remarcó la abuela, que se transformó en una referente para todos sus vecinos.
Cada vez que hay un problema, Salinas se ofrece para ayudar. “Cuando se enferma alguien, me tocan la puerta para que les preste la carretilla. Hace algunos días mi marido tuvo que llevar a don Ramos hasta la Avenida Monteverde porque sino el viejo se moría y la ambulancia no podía entrar”, describió.
Y los problemas no se acaban ahí. Según describió, cuando llueve “no sólo se inundan las calles y las casas, sino que además tenemos que soportar un olor inmundo de los pozos que se desbordan”.
“Con la última lluvia, estuve dos días sin tomar leche porque no podía ir al mercado. No se podía ni salir a la calle”, se quejó la anciana, que luego agregó: “Si me entero que viene algún político por acá, me junto unas moneditas y voy para enfrentarlos y pedirles, pero como soy vieja no me dan importancia”, se lamenta.