Ya en el tramo final, mostró su fuerza de voluntad y no le permitió afirmarse en el terreno al conjunto europeo. En ese sentido, de la mano de la destreza de Diego Simonet y el vértigo que habitualmente imprime su hermano Sebastián, los de Gallardo quedaron a un paso del empate.
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Y quien tuvo su momento de gloria fue Querín. El ex Asociación Alemana marcó el 24 a 23 parcial con una aparición sorpresiva en ataque y cuando Argentina contaba con uno menos por sanción.
Allí, Dinamarca se desconcertó, Simonet relució en su máxima expresión y empardó el tanteador con una maniobra de lujo.
Para el cierre quedó el dramatismo: el rival, a seis segundos del sonido de la chicharra, mantuvo la pelota, y por eso contó con la última jugada. Sin embargo, el Negro García atajó, evitó el disgusto y permitió que sus compañeros sumen un punto vital para sus aspiraciones. Una alegría para todos desde Qatar.