"Todos los vecinos nos vemos obligados a invertir en veneno y trampas para las ratas. O incluso peor, hay que hacer reformas. Como Silvana, mi vecina, que tuvo que levantar el techo para sacar los nidos, porque las ratas se estaban comiendo la madera y no la dejaban dormir del ruido que hacían", agregó.
Asimismo, la vecina explicó que en el terreno contaminado "cruzan a diario decenas de personas, en especial las madres que llevan a sus hijos a las escuelas 26, 66 y la Media 2 (del lado de El Rocío) y las 34 y 29 (en el barrio Pepsi). No sólo es un peligro por la enorme cantidad de roedores que hay ahí, además es un asco que los chicos caminen entre la mugre", aseveró Trejo en diálogo con El Quilmeño.
En tal sentido, detalló que el predio se convirtió en un basural por el accionar de los llamados "carreros". "Vienen con los carros y descargan todo tipo de desechos acá porque nadie los ve; como el pasto tapa todo hacen lo que quieren", se quejó.